Todas mis chicas

Todas mis chicas
Lilo, Marce, San, Luni y Viole (todas mis chicas)

Thursday, September 22, 2005


CORONA

En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.

Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,en el sueño se duerme,la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:nos miramos,nos decimos palabras oscuras,nos amamos como se aman amapola y memoria,nos dormimos como el vino en los cuencos,como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:tiempo es de que se sepa,tiempo es de que la piedra pueda florecer,de que en la inquietud palpite un corazón.

Tiempo es de que sea tiempo.

Es tiempo.

Paul Celan - Rumania (1920-1970)

Tuesday, September 20, 2005


HISTORIAS CON GALOCHAS
El complicado reinado de Rimichi, el Inofensivo



Por Juan Sasturain
Los galochas, esa tribu ejemplar en todos los sentidos que supo habitar una escurridiza zona en las fuentes del Orinoco, siempre fueron un pueblo exagerado. Cuenta el profesor Augusto Mercapide, única autoridad respecto de la historia, usos y costumbres de estas gentes excesivas, que cada vez que se les metía una idea en la cabeza –sobre todo si era razonable, pero si no lo era demasiado, también– no paraban hasta llevarla a las últimas consecuencias.
Es sabido que los galochas siempre tuvieron un gran respeto por la naturaleza y todo tipo de bichos: son absolutamente incapaces de mostrar agresividad contra cualquier forma de vida. La compulsiva coherencia y el seguimiento a rajatabla de semejantes principios los llevó a situaciones rarísimas.
Lo más curioso sucedió durante el gobierno del jefe Rimichi, llamado el Inofensivo. El bueno de Rimichi, que de niño tenía un criadero de caracoles en su cuarto y que llegó a juntar 3244 piojos vivos antes de que lo echaran definitivamente de la escuela primaria, fue un rey o cacique que cuando le tocó gobernar, lo primero que hizo fue prohibir la caza de animales que no sirvieran estrictamente para comer o vestirse. Nada de cazar por cazar.
Todos quedaron contentos con la idea.
Al tiempo, los galochas gobernados por Rimichi decidieron que podían prescindir de la carne en su alimentación y se hicieron vegetarianos; poco después también abandonaron el cuero como elemento para fabricar sus vestimentas. Las vacas, ovejas y cerdos, gallinas y patos, agradecidos. Nadie les tocaba ni un pelito ni una pluma.
Claro que, con la misma lógica del respeto por la vida, pronto Rimichi les explicó a todos que en el fondo –más allá del tamaño– era lo mismo un perro que una avispa, y los razonables galochas lo comprendieron. Por eso se prohibió todo tipo de violencia hasta contra las formas animales o los insectos más pequeños: cucarachas, gusanos, moscas...
Así, no pasó mucho tiempo sin que toda clase de insectos proliferara en la región con el respeto de los galochas, que no se permitían el cachetazo al mosquito que los picaba y se resignaban cuando el médico les diagnosticaba la lombriz solitaria: tenían que seguir alimentándola dentro de su intestino toda la vida...
La observación de ciertas plantas carnívoras, como la temible pirañasca, les demostró a Rimichi el Inofensivo y sus seguidores que las diferencias entre animales y plantas era muy leve, apenas de grado, y los fue alejando, también, paulatinamente, del consumo vegetal... Primero se prohibió el talado de árboles, pero después pasaron a abstenerse de arrancar los frutos o cultivar trigo o maíz para cosechar y moler el grano...
La cuestión es que, a fines del gobierno de Rimichi –porque tenían reyes, pero que no se quedaban para siempre sino hasta que la gente se cansaba de ellos o ellos se cansaban de la gente o de sí mismos–, los galochas sólo se alimentaban de leche, agua, sal y los frutos que recogían del suelo, caídos de los árboles. Vivían en casas de piedra con techos de hojas secas y se calentaban con la leña encontrada en el bosque.
Incluso, prácticamente habían dejado de andar por la selva para no pisar los pastos y el temor de aplastar a algún insecto los hacía caminar por las piedras con sumo cuidado.
El colmo llegó cuando, ante la mirada compasiva pero triste de los flaquísimos galochas, una invasión de hormigas termitas y marabuntas se comió prácticamente todo. Incluso la capa y el traje real de hojas y la coronita de madera de Rimichi, lo que fue considerado un signo de que las cosas debían cambiar. Entonces los galochas decidieron cambiar de rey y vieron quién quería. En realidad no eligieron: se hizo cargo el menos débil, el que consiguió levantar la mano más alto o con cierto vigor.
Esa noche lo celebraron con un asado. Y hasta Rimichi comió.

Friday, September 16, 2005

Thursday, September 15, 2005


yo... Posted by Picasa
VUELOS LOW COST
Por Leonardo MoledoCuando decidí hacer ese viaje “low cost” (bajo costo), me acerqué a la agencia de viajes que lo ofrecía, y de inmediato me dijeron que el gerente de la compañía quería hablar conmigo. Me sentí increíblemente bien tratado; nunca me había ocurrido antes. Ni el gerente de Aerolíneas, ni el de Lufthansa, ni el de Iberia se molestaron jamás en hablar conmigo. Estoy seguro de que ni siquiera saben el nombre de los pasajeros. En cambio, esa compañía “Todo por usted” brindaba una atención hiperpersonalizada. –Mire –me dijo el gerente de la compañía–. Los viajes “low cost” ofrecen todas las ventajas imaginables, empezando por el precio, que no llega ni a la cuarta parte de los precios corrientes; y vendemos a crédito y a largo plazo con el simple requisito de que sus herederos se comprometan a saldar la deuda. Pero desde que se cayeron todos esos aviones estamos siendo víctimas de una vergonzosa campaña de difamación a nivel internacional –¡como si el precio de los pasajes importara a los ojos del Señor!– e incluso en Francia y Estados Unidos ya pidieron que se nos colocara en “listas negras”, como en las más negras épocas del macartismo...–¡Qué horror! –dije–. Sería espantoso. –Por eso –me dijo el gerente– estamos organizando, con los nuevos pasajeros, grupos motivacionales, para barrer de una vez por todas esas inmundas difamaciones motorizadas por un periodismo apátrida, aliado de las compañías de alto costo.Así fue como al día siguiente me encontré en una nutrida reunión, escuchando el relato de un pasajero de “Todo por usted”:–Quiero contarles mi viaje –dijo el ex pasajero– para que comprendan que nada deben temer, y prepararse solamente para disfrutar. Por empezar, el avión no salió de un aeropuerto –esos horribles “no lugares” de Pierre Auger–, sino de un descampado, que nos reconecta con la naturaleza y permite oler el perfume de la tierra y el pasto, lo cual ahorra esa indigna tasa de aeropuerto. La verdad, debo decir, no me molestó que el avión fuera a hélice; aunque me llamó la atención que faltara una; pero en un viaje low cost no se puede pretender que estén todas las hélices, ¿no? Y en seguida un ingeniero de la compañía me explicó que con dos hélices de un lado y una del otro se vuela perfectamente bien, e incluso con menos ruido. Al subir al avión, las azafatas en vez de decir ese ridículo “bienvenido” con sonrisa McDonald’s, decían “adiós” y recitaban a continuación el famoso verso del Dante: “Lasciate ogne speranza voi ch’intrate”, con voz profunda de contralto. ¿Cuándo, díganme ustedes, entraron en un avión acompañados por excelso trozo de la literatura universal? Y en vez de esa tonta música funcional, Mozart. Dante y Mozart... un lujo cultural. No es para cualquiera.–¿Qué de Mozart? –preguntó una gorda. –El Tuba mirum spargens sonum, del Requiem K. 626, en la versión de Furtwängler.–Ah... –dijo la gorda–. Excelente versión.–Entrar al avión es una experiencia estética, verdaderamente, ya que todo es artesanal, desde los asientos hasta el ajuste de las tuercas, lo que permite que las placas de la cabina se muevan con un delicioso balanceo. Del techo colgaban manijas para los que viajan parados; había seis pares de manijas por fila, el avión va abarrotado en algunas ocasiones, lo cual muestra que la gente verdaderamente adora este tipo de viajes. Me ubiqué en mi asiento, y ahí pude ver que una rajadura de la ventanilla estaba reparada con cinta scotch, pero tan graciosa y exquisitamente que era un placer contemplarla. En seguida empezó la maniobra del despegue, que fue bastante lenta por cierto, ya que está armada sin descuidar ningún detalle, como corresponde a una compañía cuyo nombre es “Todo por usted”. Primero, pasó un sacerdote dándoles la extremaunción a todos los pasajeros.–Parece un poco autoritario –dijo alguien.–Pero no obligaban a nadie, nada de eso, todo era de lo más ecuménico y respetuoso. En el bolsillo que había delante de cada asiento había un ejemplar del Talmud y del Corán. También un folleto con el análisis científico del fenómeno de la caída libre, en el que se podía leer una amable biografía de Galileo y la ley de caída de los cuerpos (y el tiempo que lleva caer desde los diez mil metros con la fórmula s=1/2 a t2, que es de 44,72 segundos) y a continuación un análisis del principio de equivalencia de Einstein, en el que se establece la identidad entre un campo gravitatorio y un movimiento acelerado. Así, la caída libre equivale exactamente a la ausencia total de gravedad, experiencia interesante si las hay. En los baños se había improvisado un confesionario, aunque algunos se confesaban en voz alta y delante de todo el mundo. Contaban hasta el último de sus pecados, y puedo asegurarles que era sabroso, daría, verdaderamente, para escribir una novela; nunca había imaginado las posibilidades increíbles que ofrece la realidad. –¿Y después?–Después, la azafata repartió una ampollita de veneno a cada uno. “No es para alarmarlos –dijo–, es sólo por las dudas”, acto seguido la tripulación abandonó precipitadamente el avión, que empezó a moverse. –¿Y entonces? –preguntó la gorda, que estaba entusiasmada.–Entonces me recosté y empecé a dormitar... Pero justo cuando iba a terminar de decir la frase se oyó un “pfzzz”, se prendieron las luces, desapareció la luz verdosa que había coronado la mesa desde el principio de la sesión y el médium se levantó furioso. –¡Habíamos hecho contacto perfecto, el espíritu estaba de lo más parlanchín y justo ahora saltan los fusibles! –le gritó al gerente.Este trató de disculparse, pero de todos modos no se preocupó demasiado cuando vio que todos los asistentes, gorda incluida, se precipitaban a comprar los pasajes.Pero yo no. La verdad, tenía mis dudas. Por empezar, la versión del Requiem por Furtwängler no me gusta nada. Y en segundo lugar, me había quedado convencido de que ese final abrupto se debía a que era una sesión espiritista de bajo costo.

Wednesday, September 14, 2005

Don Quijote de las paradojas


Nació en prisión esta aventura de la libertad. En la cárcel de Sevilla, “donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace habitación”, fue engendrado Don Quijote de la Mancha. El papá estaba preso por deudas.Exactamente tres siglos antes, Marco Polo había dictado su libro de viajes en la cárcel de Génova, y sus compañeros de prisión habían escuchado, y escuchándolo habían viajado.***Cervantes se propuso escribir una parodia de las novelas de caballería. Ya nadie, o casi nadie, las leía. Estaban pasadas de moda. La tomadura de pelo fue un esfuerzo digno de mejor causa. Y sin embargo, esa inútil aventura literaria resultó mucho más que su proyecto original, viajó más lejos y más alto y se convirtió en la novela más popular de todos los tiempos y de todas las lenguas. Merece gratitud eterna el caballero de la triste figura. A don Quijote los libros de caballería le habían quemado la cabeza, pero él, que se perdió por leer, salva a quienes lo leemos. Nos salva de la solemnidad y del aburrimiento. ***Famosos estereotipos: don Quijote y Sancho Panza, el caballero y su escudero, la locura y la cordura, el soñador hidalgo con la cabeza en las nubes y el labriego rústico de pata en tierra.Es verdad que don Quijote se vuelve loco de remate cada vez que monta a Rocinante, pero cuando desmonta suele decir frases que vienen del más puro sentido común, y en ocasiones pareciera que se hace el loco sólo por cumplir con el autor o el lector. Y Sancho Panza, el ramplón, el bruto, sabe ejercer con ejemplar sutileza su gobierno de la ínsula de Barataria. ***Tan frágil que parecía y fue el más duradero. Cada día cabalga con más ganas, y no sólo por la manchega llanura. Tentado por los caminos del mundo, el personaje se escapa del autor y en sus lectores se transfigura. Y entonces hace lo que no hizo, y dice lo que no dijo.Don Quijote jamás pronunció la más famosa de sus frases. “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos” no figura en la obra de Cervantes. ¿Qué anónimo lector habrá sido el autor?***Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parece destinado a la derrota y al ridículo. Este delirante se cree personaje de novela de caballería y cree que las novelas de caballería son libros de historia. Sin embargo, no siempre cae despatarrado en sus lances imposibles, y a veces hasta aplica honrosas tundas a los enemigos que enfrenta o inventa. Y ridículo es, qué duda cabe, pero entrañablemente ridículo. Cree el niño que una escoba es un caballo, mientras el juego dura, y mientras dura la lectura los lectores acompañamos y compartimos los andares estrafalarios de don Quijote.Reímos de él, sí, pero mucho más reímos con él. ***“No te tomes en serio nada que no te haga reír”, me aconsejó alguna vez un amigo brasileño. Y el lenguaje popular se toma en serio los delirios de don Quijote y expresa la dimensión heroica que la gente ha otorgado a este antihéroe. Hasta el Diccionario de la Real Academia Española lo reconoce así. Quijotada es, según el diccionario, “la acción propia de un quijote” y quijote es aquel que “antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo”. ***Dos veces pidió Cervantes empleo en América, y dos veces fue rechazado. Algunas versiones dicen que era dudosa su limpieza de sangre. Los estatutos prohibían viajar a las colonias americanas a quien llevara en sus venas glóbulos judíos, musulmanes o heréticos, que se trasmitían a lo largo de no menos de siete generaciones. Quizá la sospecha de algún abuelo o bisabuelo que fuera judío converso explica la respuesta oficial a las solicitudes de Cervantes: “Busque por acá en qué se le haga merced”. El no pudo venir a América. Pero su hijo, don Quijote, sí. Y en América le fue de lo más bien. ***En 1965, el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decirles adiós, no citó a Marx. Escribió: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo”. ***En sus malandanzas, evocaba don Quijote la edad dorada, cuando todo era común y no había tuyo ni mío. Después, decía, habían empezado los abusos, y por eso había sido necesario que salieran al camino los caballeros andantes, para defender a las doncellas, amparar a las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos.El poeta León Felipe creía que los ojos y la conciencia de don Quijote “ven y organizan el mundo no como es, sino como debiera ser. Cuando don Quijote toma al ventero ladrón por un caballero cortés y hospitalario, a las prostitutas descaradas por doncellas hermosísimas, la venta por un albergue decoroso, el pan negro por pan candeal y el silbo del capador por una música acogedora, dice que en el mundo no debe haber ni hombres ladrones ni amor mercenario ni comida escasa ni albergue oscuro ni música horrible”. ***Unos años antes de que Cervantes inventara a su febril justiciero, Tomás Moro había contado la utopía. En el libro de Tomás Moro, Utopía, u-topía significaba no-lugar. Pero quizás ese reino de la fantasía encuentra lugar en los ojos que lo adivinan, y en ellos encarna. Bien decía George Bernard Shaw que hay quienes observan la realidad tal cual es y se preguntan por qué, y hay quienes imaginan la realidad como jamás ha sido y se preguntan por qué no. Está visto, y los ciegos lo ven, que cada persona contiene otras personas posibles, y cada mundo contiene su contramundo. Esa promesa escondida, el mundo que necesitamos, no es menos real que el mundo que conocemos y padecemos. Bien lo saben, bien lo viven, los aporreados que todavía cometen la locura de volver al camino, una vez y otra y otra, porque siguen creyendo que el camino es un desafío que espera, y porque siguen creyendo que desfacer agravios y enderezar entuertos es un disparate que vale la pena.***Ayuda lo imposible a que lo posible se abra paso. Por decirlo en términos de la farmacia de don Quijote: tan mágico es este bálsamo de Fierabrás, que a veces nos salva de la maldición del fatalismo y de la peste de la desesperanza.¿No es ésta, al fin y al cabo, la gran paradoja del viaje humano en el mundo? Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.