Todas mis chicas

Todas mis chicas
Lilo, Marce, San, Luni y Viole (todas mis chicas)

Monday, October 31, 2005


Argentinean Beauty
Acaso ni te interese saber que hoy a principios de enero hace 32 grados sobre mi balcón en Buenos Aires. Miro por segunda vez el film American beauty y me río al reconocerme en la crisis del protagonista masculino de la película. El se enamora de una compañera de colegio de su hija pero cuando se acaban los tiempos del espejismo y ambos van a la cama resulta que ella es virgen y él se comporta como un tío responsable.Rebobino la película y pienso que hasta ahora mi cruzada en pos de la maduración no ha dado frutos. Algunas personas nacen para dar a luz cinco hijos y otras para dar a luz cinco poemas. Quizá mi misión sobre la tierra sea conseguir la roja madurez de la manzana de Adán y Eva y obtenerla pero sólo al final de mi décima reencarnación. Oh no. Suena el timbre. Es extraño porque todos saben que nunca abro la puerta y que tienen que llamar antes. Me tiemblan las piernas.Está subiendo por el ascensor. Creo que me vienen arcadas. Esto pasa porque estoy sintiendo fuerte la llegada de la catástrofe que es el amor. Oh no, está tan lindo, tan bronceado y además tiene aspecto de haber atravesado el mar para liberarme de los piratas. Sin embargo mantengo la distancia. Recuerdo que me impuse a mí misma no repetir por vigésimoquinta vez otra locura. No vas a poder vivir con él, apenas llega te rompe el cenicero búlgaro que una vez te regaló tu profesora de geografía. Le das cerveza, toman vodka pero... no hagas locuras, decile que están viviendo etapas emocionales diferentes, que no lo vas a soportar cuando empiece a hacer pendejadas, que él no te va a soportar cuando empieces a exigirle atenciones y cuidados que él no puede darte. ¿Pero estás tan segura de que él no puede dártelas? ¿Y si pudiera? El amor fuerte llega de este modo, como una borrachera de vodka con cerveza y coca-cola, viene como un palo en la cabeza y en el hígado y arroja afuera el malestar, todo tu estómago al desnudo sobre el parquet. Nunca nadie escribió un poema sobre el síntoma de los síntomas: El vómito enamorado. Así podría llamarse y debería ser escrito al modo de Quevedo.Empiezo a decirle que mejor se vaya, que no quiero convertirme en una vieja dama indigna, una de esas ancianas de pelo plateado que siguen yendo a recitales hardcore y se enamoran del baterista en vez de preparar pasteles de frambuesa para sus nietos. Pero como el alcohol empieza a patinar en mi cerebro, me doy cuenta de que sí quiero ser una vieja dama indigna y cultivar marihuana en las macetas del balcón con mi joven novio digno. Cuando él va a besarme me arrojo fuera del sofá y le anuncio que estoy mareada, que el mundo gira como un trompo y que tengo arcadas. Y él no se asusta ni se va sino que me acompaña al baño y me ayuda a aliviarme, me ata el pelo, me despeja la frente y me dice palabras suaves. Y entonces creo que yo tengo dieciséis y que él es un señor veinte años mayor que sabe qué hacer en una situación de emergencia.


LAS ILUSIONES ( El Espejo esmerilado - Liliana Heker)

Cuando yo era chica tenía la ilusión de que un día los problemas se acabarían: aquello que me daba angustia o miedo dejaría de atormentarme y yo por fin conseguiría no andar a contramano por la vida. Se trataba sin duda de una gran ilusión. Pero había también ilusiones más modestas, estadios vaporosos en los que aquello que debía ocurrir –o yo suponía que iba a ocurrir– estaba aún latente y entonces podía alcanzar el grado de lo perfecto. Debo hacer un esfuerzo para separar esos estadios de los juegos del pensamiento en los que, pongamos por caso, yo era una hermosa niña agitanada capaz de ir sin ayuda de los Andes a los Apeninos u hoy encuentro en un taxi –el taximetrero es viejo y ni se percata– una razonable fortuna anónima que me salva y que, además, pertenecía a un ser siniestro de dinero malhabido a quien no me produce ninguna culpa esquilmar. Estos juegos pertenecen al puro territorio de la fantasía: una puede ir y volver de ellos sin atarse a plazos ni a circunstancias. Con las ilusiones pasa otra cosa. Su condición de existencia consiste en que una crea que un día van a ser una realidad. Será por eso que estoy buscándolas en mis primeros años: tengo la impresión de que ahora me ilusiono poco: tal vez fui aprendiendo a prever el futuro con cierto cálculo de error y hasta tuve la suerte, a veces, de que ciertas realidades estuvieran a la altura de mis ilusiones. París no fue inferior al sueño de París y las islas del Rosario no se diferenciaban mucho de esa islita del náufrago que yo había aprendido en las historietas. Hasta la adolescencia, en cambio, las ilusiones eran de las pocas cosas –otra era la invención de historias, otra los razonamientos, otra los libros– que impedían que muriera de aburrimiento. Eran ilusiones que solían desembocar en una desilusión, y ahora que lo pienso, es ahí, en la desilusión, donde debe morir toda ilusión que se precie. Si acaba derrotada por la realidad que la generó no merece siquiera que se la recuerde.Yo tuve ilusiones de naturaleza diversa: una vez, a los trece años, entré en un coro gracias a un enamorado que era violinista y, durante los dos o tres meses que me duraron el coro y el enamorado, me ilusioné con la suposición de que un día no muy lejano iba a cantar hermosamente. Era magnífico porque cantar siempre fue de las cosas que más me han gustado en el mundo. Sigo cantando, claro, sólo que tan mal como antes del violinista. Otra vez, a instancias de una amiga habilidosa, fui a aprender corte y confección. Durante el mes en que soporté a la profesora y a sus moldes, me ilusioné con la posibilidad de tener en el futuro –yo misma iba a hacérmelos– todos los vestidos que se me ocurrieran. Basta verme pegar un botón para entender en qué terminó esa ilusión. Pero mis ilusiones más fuertes siempre estuvieron vinculadas a los espacios. Espacios que yo imaginaba espléndidos y cuya esperanza de habitarlos me anticipaba la dicha. Un día de diciembre de mis siete años me dijeron que dos meses después iríamos a la costa. Era mi primer viaje y era la primera vez que vería el mar. Durante sesenta días rodé por arenas ingrávidas y doradas y fui alzada por olas de un azul imposible. La arena real resultó áspera y casi no se la veía debajo de la multitud que en ese verano del cincuenta y uno poblaba la Bristol; en cuanto al mar, su color no difería demasiado del del río y el tamaño de sus olas era imperceptible comparado con el de las mías. Más adelante, otros mares y este mismo mar nuestro en inviernos despoblados no desmerecieron mis sueños, pero ninguno alcanzó el esplendor del que, una madrugada, mientras esperábamos el auto que nos llevaría, yo sabía –o creía saber– que me aguardaba ahí nomás, al final del viaje.Una ilusión tan intensa como la del mar fue la del primer departamento. Yo tenía cuatro años, una prehistoria en una pensión de Bahía Blanca y una historia –que en ese momento no me parecía breve– en la casa de mis abuelos y en la trastienda de un pequeño negocio. Al principio, cuando supe que mi padre había alquilado el departamento, todo consistió en soñar cómo sería vivir en una casa que por fin sería nuestra casa. Después se fueron agregando detalles. Ocurrió que el edificio aún estaba en construcción, y mi padre, cuando volvía de visitarlo, nos iba contando los progresos. Recién ahora reparo en que él debía pasar casi todos los días por el edificio en construcción y también entiendo por qué mi madre, una y otra vez, le decía algo cuyo sentido se me escapaba. “Ay, Goyito (le decía), sos siempre el mismo iluso.” Se lo decía porque mi padre, en cualquier circunstancia, intentaba convencerla de que pronto todo se iba a arreglar, pero también se lo decía por la manera en que nos iba contando los avances de la casa. Yo registraba el verde nilo de los pasillos, los grandes espejos del hall y, ya en nuestro departamento, la luz que entraba por los vidrios esmerilados de las ventanas. Tal vez los detalles eran imprecisos o yo, a los cuatro años, no los comprendía muy bien. Lo cierto es que, durante meses, me multipliqué en espejos enfrentados y fui esmerilada por la luz de las ventanas. No voy a abundar: sólo diré que en el hall había dos espejitos de morondanga que ni siquiera estaban enfrentados, y que una palabra tan hermosa como “esmerilado” apenas significaba que yo nunca más podría mirar hacia afuera. Supongo que a esa desilusión, a los vidrios opacos y a la falta de espacio, les debo el descubrimiento de los libros, los únicos capaces de rescatarme de la opresión de ese primer departamento. También les debo la obstinada pasión con que voy armando cada una de las sucesivas casas que es mi casa. Y ahora me doy cuenta de que cada una de ellas, también la amada casa de San Telmo en la que escribo estas palabras, es, más que ninguna otra cosa, una ilusión, algo que nunca termina de armarse pero cuya urdimbre final yo conozco y en cuyo sueño de completud me refugio como dentro de un aura. Si alguna vez tengo el dinero suficiente (me digo) voy a voltear esa pared, voy a comprar aquel sillón, voy a hacer una estantería. Y esto me lleva a otra ilusión, con la que convivo, la ilusión de tener el dinero que me va a permitir no preocuparme nunca más por problemas de dinero. Y también me lleva a la expresión más perfecta de esa ilusión: el juego de azar. Compro un billete de lotería, o apuesto a la quiniela un número que me persigue, o pongo una ficha en una casilla de la ruleta, y mientras llega el día del sorteo o la rueda gira yo vivo con la ilusión de que voy a ganar y entonces todos mis problemas van a resolverse. Con lo que vengo a descubrir que no soy tan distinta de la que fui y que, pese al aprendizaje de la realidad, sigo siendo tan ilusa como mi madre decía que era mi padre

(nota de la blogger : durante mi infancia "argentina" mi libro mas querido y aun hoy perfectamente conservado, era Corazon, donde claro, uno de los cuentos es "De los Apeninos a los Andes" y yo me veia como la heroina agitanada exactamente tal cual descrita por la autora..., una diferencia : aun y siempre me ilusiono total, absoluta y maximamente....y no pienso perderlo jamas!!!!!!!!!!)


PECADO Y TENTACION : CUANDO TOCARSE ES PROHIBIDO.
Recetas para el roce
Tal vez entre los más tempranos y sabios consejos relacionados con el contacto piel a piel se encuentren los de Ovidio Nasón. Ovidio nació en una villa del centro de Italia en el año 43 a.C. Marchó a Roma para iniciar una carrera política, completó su formación en Grecia y, tras una larga temporada viajando, regresó a su tierra. Su vocación era la poesía, pero su padre lo obligó a apartarse de materias tan lábiles. Existe una anécdota en la que promete acatar esa orden: "Te juro, padre, te juro que nunca más compondré versos". Como fue muy enamoradizo los matrimonios le duraban más bien poco. Se casó tres veces y abandonó la política justo en el momento en que se le exigía su incorporación al ejército. Estuvo plácidamente entregado a la literatura hasta que un día Augusto lo desterró a causa de unos incómodos versos. Ya exiliado, resumió el asunto así: "Me he perdido por culpa de mi ingenio". El Arte de amar (Ars Amandi) fue el texto que suscitó la condena, el destierro como modo que adoptó la censura moral de una obra literaria. Burlando a Augusto y al roto juramento a su padre, más que arrepentirse de sus versos, Ovidio se jactaba. Mandó a escribir en su epitafio: "Aquí descanso yo, galanteador de tiernos amores, perdido por la inteligencia. Poeta mío, a ti que pasas, no seas inclemente. Si es que amaste di: Los huesos de Nasón reposan dulcemente". En la obra censurada clasifica tres tipos de besos: el osculum, dado a los amigos sobre las mejillas; el basium, sobre los labios para indicar afecto; y el suavium, dado entre amantes y consistente en morder suave los labios (hace referencia a los labios del rostro pero no solamente). Sin duda lo más jugoso de su didáctico tratado son las mil recetas prácticas, destinadas sobre todo a señalar los mejores atajos para acceder al cuerpo de la mujer deseada. Muchos y muy cómicos son los pasajes donde explica cómo aprovechar el caos de los espacios públicos, en especial cuando la piel anhelada pertenece formalmente a otro: "Desea mil felicidades a la señora de tus pensamientos y al que tiene la dicha de compartir su tálamo; mas en lo recóndito del alma profiere contra este último cien maldiciones. Cuando las mesas se levantan y los convidados se retiran, aprovecha las circunstancias del lugar y la confusión de la multitud para aproximarte a ella; mézclate entre la turba, colócate a su lado, pásale el brazo por el talle y toca su pie con el tuyo". Ovidio estaba convencido de que Venus y la Fortuna alientan siempre a los audaces. Por eso quiso instruir bien a aquellos que no tuvieran ningún prurito en convertirse en ladrones de placer: "No dejes tampoco de asistir a las carreras de los briosos corceles; el circo, donde se reúne un público innumerable, ofrece grandes incentivos. Nadie te impedirá que te sientes junto a ella y que arrimes tu hombro al suyo todo lo posible; el corto espacio de que dispones te obliga forzosamente, y la ley del sitio te permite tocar a gusto su cuerpo codiciado". Ese entusiasmo por idear artilugios para el contacto de piel en marcos concurridos no debe hacernos creer que Ovidio fue avaro en lo concerniente a brindarles a los muchachos versados consejos para el ámbito privado: "Los dedos sabrán deslizarse por las partes donde el amor templa ocultamente sus flechas. Así en otros días lo hizo con Andrómaca el valeroso Héctor, cuyo esfuerzo brillaba no sólo en los combates. (...) No te afanes por llegar pronto al término de la dicha; demóralo incansablemente y la alcanzarás completa. Si das en aquel sitio sensible de la mujer, que un necio pudor no te detenga la mano, entonces verás cómo sus ojos despiden una luz temblorosa". Para finalizar, el poeta legó a los siglos venideros una loa al vamos juntos: "Ni le dejes atrás desplegando todas las velas ni permitas que ella se te adelante. Penetren en el puerto simultáneamente. El colmo del placer se goza cuando dos amantes sucumben al mismo tiempo". Los lenguajes no verbales contienen algo de misterioso que los vuelve casi clandestinos; en tiempos en que no se conocían los manuales de autoayuda ni el sexo virtual, Ovidio supo divulgar principios útiles para mancebos necesitados de iniciarse con cierta dignidad en los enigmas del lenguaje de la piel. Fuego dentro del fuego Decía Michel Foucault que hasta el siglo XVII existió una tolerante familiaridad con lo ilícito: "Los cuerpos se pavoneaban". Pero a ese luminoso día pronto le siguieron el crepúsculo y enseguida las aburridas noches de la burguesía del período victoriano _pieles surcadas por la doble moral de una sexualidad retenida por un discurso hipócrita_. En aquel lúgubre contexto, la Inglaterra decimonónica, los periodistas de todos los diarios sabían que no era posible mencionar a Aubrey Beardsley sin poner su propio empleo en riesgo. Dentro del grupo de exquisitos en el cual Beardsley se movía _una pléyade formada por espíritus tan selectos como W.B. Yeats, Oscar Wilde o Arthur Symons_, el desprecio masivo que se había ganado le otorgaba un aura de heroicidad. Flaco, desagradable y fatuo, lucía siempre tan pálido como la gardenia que llevaba en su solapa y, desde los siete años, arrastraba los síntomas de la tuberculosis que a los veinticinco puso término a su vida. Según cuenta Yeats, fue un raro giro que tomó su enfermedad lo que le hacía ver _casi sin descanso_ a hombres y mujeres acechándose la piel como animales íntimos en combate. Se entiende que no muchos hayan estado en condiciones de apreciar el genio precoz de Aubrey Beardsley, la fuerza blasfema de esas alucinaciones a partir de las cuales creaba dibujos de una obscenidad satírica y fascinante. El mayor escándalo tuvo lugar cuando en 1894 salió a la venta Salomé, de Wilde, con ilustraciones suyas. Las sugestivas tintas despertaron la fur ia de una novelista popular que ejercía una enorme influencia; y, debido al revuelo que armó, Beardsley se transformó en un artista estigmatizado por la opinión pública. Fue Arthur Symons quien quiso darle un lugar y lo nombró director artístico de The Savoy, la revista que un mecenas iba a comenzar a financiarle. Pero el emprendimiento no duró más de una decena de números porque, espantados frente a la publicación de un breve cuento que Beardsley había escrito, los distribuidores se negaron a seguir repartiendo un magazine que contuviera material de tal calibre. Incluso se acusó a la revista de ser un órgano de íncubos y súcubos, esos fogosos demonios de la fantasía sexual que se inmiscuyen en las personas para satisfacer deseos que la realidad prohíbe y a menudo hasta impide pensar. Condenado moralmente por la sociedad, Beardsley terminó sintiendo (o fingió sentir) la aspereza de la culpa y, días antes de su muerte, juró que se arrepentía de su impúdica obra. Se convirtió al catolicismo en un súbito rapto semejante al de Wilde; y para convencer a los demás de que no era una broma propuso que quemaran varios de sus dibujos. La historia del arte lo mantuvo durante años en el olvido y, finalmente, el tiempo hizo lo suyo y hoy se lo considera el rey del art noveau británico. La enciclopedia católica lo incorporó a sus páginas y hasta se ocupa de blanquear su memoria, tal como lo prueba el curioso pasaje que afirma: "Los innobles y viciosos trabajos de Beardsley fueron fruto de su afán por burlarse de la gente de opiniones estrechas, pero de ningún modo de una disposición demoníaca". Detengámonos ahora en la insólita creación literaria del joven dibujante. Lleva por título La historia de Venus y Tannhaüser y está basada en la misma leyenda germana en la que Wagner se inspiró para escribir su quinta ópera (Tannhäuser o El torneo de canto en el Wartburg). Lo destacable es que en la versión de Beardsley la mítica diosa Venus es una prostituta y Tannhaüser un torpe caballero que, pretendiendo arrancarle a la vida momentos más intensos que los que suele ofrecernos, se interna en el Monte de Venus, un fabuloso e inmenso prostíbulo, con la intención de acceder a la piel más famosa de Europa. Beardsley dice que quienes sólo vimos a Venus en museos tendremos problemas en imaginar cuán irresistible debió ser, recostada sobre la seda rosa en aquel cálido boudoir. Se sabe que su rostro evidenciaba pocas ideas pero que su piel parecía obra del más largo y laborioso pensamiento, como si se hubiera consultado con diversos matemáticos y sabios egipcios el método para mantener por siempre su sobrehumana belleza. Mudo de excitación, Tannhaüser recorrió la piel de Venus con la punta de sus dedos, exhaló un gran suspiro y cayó repentinamente sobre la espléndida dama. Es costumbre de los escritores pintar héroes capaces de dar a la heroína muestra de su bravura un sinfín de veces en una sola noche; sin embargo, el Tannhaüser de Beardsley no poseía esa facilidad gargantuesca, y se sintió muy aliviado cuando, una hora después, otros hombres entraron embriagados en el cuarto y reclamaron a Venus para ellos. La doncella acomodó a la diosa entre almohadones y la retiró alzada en brazos, mientras miraba al artista diciendo "Qué cansado parece ese pobre muchacho". Con el correr de los días a Tannhaüser se le volvió insoportable el recuerdo de la intensidad del contacto. Y dado que sus remordimientos crecían, decidió encaminarse hacia Roma para confesarle su pecado al Papa y pedir la absolución. El Papa le negó el perdón alegando que sería tan difícil para él redimirle como para su báculo echar flores. Tannhaüser abandonó el lugar; su esperanza temerosa dejó paso a una desesperación leonina e intrépida. Tres días más tarde el Papa observó que del báculo brotaban hojas verdes; y, azorado ante el acontecimiento, llamó a un séquito y dio la orden de salir en busca del pecaminoso caballero. Lo troupe peregrinó a lo largo y a lo ancho de Europa tras el objetivo, pero en ninguna parte hallaron señales de Tannhaüser. Había desaparecido y no volvió a saberse más nada de él. Existen dos versiones acerca del misterio de su paradero. La primera asegura que volvió al Monte de Venus y, durante el reencuentro con la diosa, se colmó de deleites hasta el límite en que ya no pudo aguantar una voluptuosidad tan constante, pura y total. El muchacho habría tenido entonces un final sublime: al arribar a un monstruoso nivel de saciedad _el grado cero del deseo_, inmolado por esa piel murió de un exceso de placer como el príncipe Vibalano en Las 11 mil vergas de Apollinaire. La segunda versión dice, en cambio, que empezó a desconfiar de la piel con un fervor grotesco. La asociaba con el sufrimiento, la tentación, la lujuria y la suciedad del alma. La vulnerabilidad de la piel le pareció complementaria a su impureza: era impura porque era vulnerable, incapaz de resistir al anzuelo de peligrosos contactos. Su desprecio por esa vil lámina alcanzó tal punto que la disolución de su cuerpo pronto se le presentó como un fin apetecible. Como no había logrado extinguir su ardoroso deseo, concluyó que su única salida consistía en apagar el fuego con fuego y se arrojó a un volcán... Los que adhieren a esta última versión consideran que lo determinante es lo que dicta la conciencia y no lo que nos crispa la punta de los dedos. Los que creen en la primera piensan, como Paul Valery, que lo más profundo que tenemos es la piel.

Sunday, October 30, 2005



Somos leyenda

Por Juan Sasturain
Hay un dato para pensar.
El viaje a la Luna, versión Luciano de Samosata, Cyrano o Flammarion fue durante siglos ejemplo de leyenda literalmente desorbitada.
Hoy, que la Luna pisada por Armstrong es historia, la leyenda vuelve invertida: en realidad no hubo tal alunizaje, fue un montaje de la NASA.
La leyenda no se somete (no debe ser sometida) al criterio de verdad.
Funciona en otro registro, sirve para otra cosa.
El incali/inclasificable Richard Matheson, proveedor de efectivas historias para Hitchcock y otros amantes de lo sorpresivo, escribió a mediados de los cincuenta –entre muchas cosas sin duda menores– dos originalísimas novelas: The shrinking man (“El (increíble) hombre menguante”) que motivó una memorable película de Jack Arnold, clásico de la ciencia ficción clase B; y I am legend (“Soy leyenda”, en la rápida versión castellana de Minotauro), una vuelta de tuerca sobre el tema de la licantropía en su variante más paranoica.
El narrador escribe para dejar testimonio de lo que ha descubierto: todos son vampiros menos él.
En ese mundo al revés, los vampiros son lo normal y razonable: él es leyenda.
En el uso diario, alguien es o se convierte en una leyenda cuando los relatos que lo aluden –sobre todo en el universo polimorfo de la anécdota– incluyen y mezclan los datos puntuales con lo inverificable.
La condición legendaria de Tita Merello, Corbatta, Macedonio Fernández o Mate Cocido es más que un plus o aureola, es a veces un doble: una imagen construida con elementos inverificables que no se suman a la biografía sino que suelen competir con ella en otro orden, el de la tradición oral.
Sin embargo, las leyendas en sentido estricto son etimológicamente “legenda”, es decir: “cosas que deben ser leídas”, del mismo modo que las Amandas, amadas, y los educandos –con suerte– educados.
Son antigüedades que vienen del latín, pero el matiz de obligación o consejo que está en el sufijo se ha perdido.
Por eso, valga la pregunta para aquellos tiempos: ¿por qué debería ser leída una leyenda?
O mejor: ¿por qué un relato en principio oral merecería ser fijado por la escritura para luego ser leído, es decir, a convertirse en “cosa leyenda”?
La respuesta probablemente acertada, y más pobre, es que estos relatos míticos –aztecas, griegos, chinos o anglosajones– sirven porque refieren hechos y personajes que se confunden con el nacimiento mismo de la comunidad y de la lengua que los conservó durante siglos por tradición oral; esas leyendas son o han sido funcionales porque explican el origen, fundan los tabúes, refuerzan una identidad necesaria.
Lo legendario es prehistórico en el sentido de no documentado o parcialmente documentado, pero la Leyenda ha sido La Historia antes: el Diluvio, Hércules, la Lluvia de Fuego, Simbad o el rey Arturo y Camelot fueron reales para su oyente o lector antes de ser lo que son.
Es decir: hubo hechos y luego sucesivas versiones de esos hechos manoseados por el traslado oral en tiempo y espacio que cristalizaron en una leyenda, decantada con prestigio de autoridad. Una vez fijado el relato, la cultura lo lee y relee ya sin modificarlo en su contenido pero sí resignificándolo: así, en algún momento leyenda ya no es “lo que debe ser leído” en el sentido de explicación del origen sino cuento mitológico o fantástico. La leyenda ha pasado a ser lo inverificable.
Curiosamente, las leyendas proliferan hoy como en los tiempos literalmente legendarios, con la diferencia que ahora no se generan antes de la Historia sino después, por añadidura, son su resultado, su necesario complemento: parece ser que no se puede vivir (bien) sin ellas.
El consecuente Dolina institucionalizó la oposición entre Hombres Sensibles e irrecuperables Refutadores de Leyendas y dicen que John Ford dijo alguna vez, como quien formula un programa: “En Hollywood, cuando debemos optar entre la Historia y la leyenda... nos quedamos con la leyenda”.
El inventor del Barrio de Flores estaba hablando de los derechos inalienables de la imaginación para vivir; el director de todas las películas de cowboys con cara de John Wayne, de la opción estética por la fecundidad del mito.
Defensas ideológicas contra la prepotencia de la racionalidad aplanadora que dan cuenta de una situación de legendaria necesidad.
En lo cotidiano, no es casual que la comunicación oral, por ser la primera y más espontánea, es insustituible como vehículo de la leyenda.
Privada y sin filtros, es el lugar donde se manifiestan las zonas menos controladas y más espontáneas de lo humano, un continuum sin origen identificable ni fin previsto: los mensajes circulan tras partir de una fuente indeterminada hacia el infinito, dos fértiles nebulosas.
La novedad respecto de los maravillosos relatos que construyeron la base de las culturas es que hoy, las viejas y nuevas leyendas urbanas se vuelven macroplanetarias vía internet, el lugar más parecido –en cierta manera– a la antigua comunicación oral.
Miles y miles de contribuciones alimentan sitios de recepción de leyendas urbanas vía e-mail y multiplican las posibilidades narrativas, uniendo en un coro jamás registrado, voces de muy diferentes lugares.
Así, junto a relatos rigurosamente datados en opuestas latitudes, será posible encontrar variantes de anécdotas puntuales y personalizadas: acaso versiones brasileñas de lo que dicen le pasó a María Amuchástegui en televisión; una idea similar a la criolla –acuñada en Venezuela– sobre los efectos afrodisíacos de ciertas gaseosas mezcladas con aspirinas o una variante italiana de la anécdota atribuida a José María Muñoz hablando con un futbolista: “¿Cómo ha corrido, Fulano? ¿Cuántos pulmones tiene?” “Uno, Muñoz, como todo el mundo” habría dicho el elogiado, modestamente. Y si no es cierto, merecería serlo. Claro que sí.

VIEJAS Y NUEVAS FORMAS DE AMAR (hoy se viene laaaaaaargo! tendran paciencia para leerlo todo?)
Como cada uno ahora en su casa yendo de la cama al living. Yendo de un canal a otro del cable, del primero al último, del último al primero... ¿El canal erótico? ¿Para qué? La explicitación hace desaparecer la seducción y el erotismo. Me termina dando risa. ¿Policiales? Siempre el mismo psicópata. ¿De amor? Esas películas en las que el marido va hasta la esquina a comprar cerveza y ya está llamando, diciendo por teléfono Honey I miss you, I love you... bastante inverosímil. ¿Noticieros? No gracias, me vengo salvando del síntoma de la época: el pánico. Películas de enfermos. Dibujitos. Series que me hacen acordar de tantas horas viendo tele de chicos... Qué puedo ver, qué puedo ver, qué puedo hacer. Una canción de Moris, mirar el techo y en el techo no hay nada, hay solamente un techo, fumar y hacerse películas de amor. ¿Pero cuál? También en mi cabeza hay un zapping, cada historia que empiezo me parece que no sé qué final quiero que tenga. ¿Un final feliz es realmente feliz? He aquí la pregunta de mi generación. Empezamos y terminamos, rápido y mal –y no me refiero al sexo–, porque no sabemos cómo queremos que termine. ¿Será que hay que empezar de nuevo? De nuevo nuevo, quiero decir. Empezar con otra idea. Quizá con la certeza de no tener ninguna idea e ir viendo. Paciencia. Como quien tiene que ordenar un placard donde guardó de todo, y hecho un bollo. Hay que rehacer el amor. Pero entonces habría que pensar primero qué es hacerlo. O rehacerlo.Rehacer, según el diccionario, puede ser repetir lo ya hecho o “serenarse”, rehacerse. Buscamos un equilibrio. Si algo se debe rehacer es porque se deshizo. Más que el amor, la idea del amor. Una característica “moderna” es que primero se hace el amor, en su sentido literal de litera –cama– y luego se piensa (a veces) quién es el otro. Si de las parejas de antaño se decía que llegaban al matrimonio sin conocerse bien en aspectos fundamentales como la cotidianidad, de las relaciones de las últimas décadas se puede decir el otro extremo (los extremos se tocan, ¿no?): demasiado pronto se fuerzan dos desconocidos en una cotidianidad para la que no hay verdadera confianza. ¿Quién no se ha encontrado desayunando con un/a perfecto/a extraño/a?Si es por hacer el amor en ese sentido, bueno, ya lo hicimos, ya aprendimos, nos liberamos, tuvimos experiencia pero... ¡qué manada de solitarios! Veo en el techo el recuerdo de una historia... ¿Es un recuerdo mío? ¿Me lo contó mi amiga? ¿A mi amiga se lo contó una amiga? No importa, ¿quién no vivió, aunque sea una vez, esta historia? ¿Son los ochenta? Más o menos, me parece que sí. O un poco más. Estoy en una fiesta, como todas, no es divertida porque no estamos divertidos, no somos divertidos, un escepticismo existencial nos acompaña adonde vayamos. Cada uno baila solo. Yo también, y para peor con los ojos cerrados. Se toma mucha cerveza, primero porque es más divertido, después porque da una justificación para que nada sea divertido. Finalmente porque por fin el cerebro hace paf, un conveniente block out. Toco algo con el pie, un reloj, alguien lo perdió bailando, me lo pongo. Abro los ojos y allá lejos veo un tipo que me gusta, físicamente, digo. Me abro paso, me pongo a bailar frente a él, me convida cerveza. Bailamos. Bailamos. De pronto, no. De pronto, sí. Estamos encerrados y abrazados en un baño, sin ropas. Unos días después entro a un café y veo una cara que me parece conocida. Debe ser, porque él tiene el mismo gesto de “me parece que te conozco”. Nos parece a los dos que somos esos que estuvieron encerrados en el baño; así es que me siento a su mesa. Cuando me saco el abrigo dice: “¡Tenés mi reloj! ¿Estuve en tu casa? Creí que lo había perdido en la fiesta”.Deberíamos pensar que semejante casualidad señala un destino. Pues no, a no ser que el destino sea puro camino y no llegar a ninguna parte. Puro aprendizaje. Porque aunque nos vemos algunas veces más no encontramos –salvo más comodidad que en un baño– nada que nos entusiasme. Yo miro el techo, él monologa sobre bueyes perdidos. Chau, chau. Algún día uno de los dos no llama más, el otro tampoco. Nadie lo lamenta. Pasan unos meses y un día me llama para contarme algo que es muy importante para su vida, dice, y quiere compartirlo conmigo. ¿Conmigo? Ha triunfado sobre su adicción a la cocaína, pudo dejar. Lo que me impresiona es que nunca me di cuenta de que fuera adicto ni de que le preocupara. ¡Qué autismo! El mío. El de él. The Lonely Hearts Club Band. Cada cual atiende su juego. Como puede.
Es curioso: se habla de la mayor comunicación. Y me pregunto si es realmente así. Si mi autismo no es similar al de otras relaciones basadas en modelos que, en apariencia, están perimidos. Quiero remontar la punta del ovillo para entender razones: ¿fue por eso que hace unos años escribí una novela sobre Malinche? En parte, pero también por algo más. Eso de ser la lengua, la guerrera, en algo me identifica con un tópico: la mujer-escritora. Además, por haber pasado ella a la historia como el emblema mismo de la traición por su romance con el españolísimo Cortés.Se dice de las mujeres que son traicioneras. La verdad es que “la Chingada” no tenía muchas opciones, traicionada por propios y ajenos, una y otra vez. Primero, no está claro si su padre muere naturalmente, a manos del imperio azteca o si es asesinado por su esposa y el amante. Cuando ese amante ya tiene el camino libre para ser un marido oficial, la madre de Malinche tiene con él un hijo varón al que prefieren para heredar títulos y tierras, así que necesitan deshacerse de la niña. La leyenda cuenta que fingen su muerte enterrando a una esclava y que mientras suena el funeral, Malinche es llevada a escondidas por unos mercaderes a quienes su familia acaba de venderla. Así es como aparece en tierras mayas, por lo que aprende ese idioma además del suyo, el nahuatl, lo que la convertirá luego en la traductora necesaria de Cortés. Pero, ¿cómo es que aparece cerca de Cortés? Por la costumbre indígena de “regalar” mujeres al conquistador. Durante un tiempo es “adjudicada” a un lugarteniente hasta que se descubre su valor como lengua y su conocimiento de las costumbres e ideas, tan útiles a los conquistadores. A partir de ese momento Cortés y Malinche son inseparables, a tal punto que los indígenas llamaban a ambos por igual con el nombre de ella. ¿Doña Marina, como la bautizaron los españoles, traicionaba a su raza o a quienes habían dominado a su pueblo? Las crónicas reconocen la ayuda que Malinche prestó revelando secretos que los indios le confiaban. No tenía veinte años aún, dicen que era hermosa y muy inteligente y que en poco tiempo aprendió también el español. Y parecería que ella estaba realmente convencida, como suele suceder con quien ya está bajo un yugo, de que un nuevo yugo será la salvación. Se habla del gran amor entre Cortés y Malinche. ¿Cómo imaginar lo que se entendía entonces por amor? Ya de por sí Cortés había dado y tenido bastantes problemas en España. ¿Y Malinche? ¿Cómo imaginarla frente a ese blanco con armadura que bajaba de la orilla del cielo del mar en un ciervo gigante, casi como si nos enamoráramos ahora de un marciano? Caballos, cañones y la gran cruz. Aunque no lo practicara de verdad, Cortés introdujo la idea del cristianismo del cual dicen que Malinche se hizo devota. Algunos dicen que Cortés, hábil estratega, la mantenía enamorada para poder confiar en ella, de sus traducciones dependían las negociaciones con Moctezuma, nada menos. Como si todo fuera poco complicado, una vez conquistado México y mientras Malinche está por parir el hijo de Cortés, aparece Catalina, la esposa española que había quedado en Cuba y que viene a ocupar su lugar de gobernadora.Misteriosamente muere ahogada, y aunque sufría de “asma esencial”, se dijo que Cortés la asfixió con una almohada. Pero ni siquiera para poder casarse con su amor, ahora que era marqués, iba a desposar a una india, aunque le agradece los servicios prestados casándola con don Jaramillo y dejándole tierras. La pregunta en esta relación –que de alguna forma es emblemática– sería: ¿Malinche y Cortés se quisieron de verdad? ¿O sólo se necesitaron mutuamente? Pero también me parece emblemático que una mujer-guerrera no pueda ser a la vez una esposa.
Sigo buscando en la historia, más cerca en el tiempo y en el espacio. Otro romance de un momento fundacional: el del caudillo entrerriano Pancho Ramírez con la Delfina. Momentos de guerras, guerrillas, montoneras. A los combates contra los españoles pronto se superponen combates entre o contra caudillos regionales. ¿Será quizá la estructura femenina de mi cerebro que no me permite entender, por libros y libros que lea, por qué Ramírez es primero aliado de Artigas y luego lo combate, por qué López es primero aliado de Ramírez y luego lo combate? ¿Cosas de hombres? Y mientras los hombres se envían cartas del tenor de: “Aquí te mando embalsamada la cabeza de tal para que la pongas como pisapapeles en tu escritorio”, ¿qué hacen las mujeres? No todas bordan banderas como Remeditos. Las de menos fortuna van de aquí para allá detrás de los ejércitos, una caravana de ollas y niños, las cuarteleras. Pero la Delfina viste uniforme de dragón y es parte de la tropa. Es la literatura la que nos dejó el mejor retrato en la novela sobre Camila O'Gorman de Enrique Molina: una Delfina que cabalga desnuda y con una larga cabellera. Una fantasía, pero que revela la fascinación que –dicen– todos los soldados sentían por ella. Mientras, otras mujeres esperaban en el pueblo bordando el vestido de novia, como Norberta, la prometida oficial de Ramírez. También el final es más sentido en la literatura que en las crónicas: el Romance del Río Seco, de Leopoldo Lugones, nos hace ver la triste y larga cabalgata de un Ramírez ya vencido y perseguido por sus antiguos aliados, que huye con poquísimos hombres y con su Delfina. Ella queda rezagada, están por tomarla prisionera y él quizá podría haber escapado si no hubiera retrocedido para salvarla. Se dice que al regresar Delfina a Concepción del Uruguay (donde hoy podemos ver su casa), Norberta le regala el vestido de novia, como reconociendo que fue su verdadera mujer. Pero a veces me pregunto con quién se hubiera casado Ramírez llegada la paz.Por eso, pienso en la importancia de la cultura de época. Y me pregunto si no asumimos roles de tiempos pasados: qué idea del amor se tiene hoy, se tuvo antes, de qué modo el entorno y sus problemas socavan o unen relaciones. Delfina es un emblema de un tiempo en que dos imágenes, la guerrera y la novia, no se fusionaban en una sola mujer. ¿Y hasta qué punto hoy persiste la contradicción? Pasaron unos años desde que escribí la novela sobre Malinche y continúo percibiendo que algunos hombres dan por sentado que en mi casa no puede haber una sartén, no puede haber orden, “debo” ser una bohemia, debo no entender nada de administrar el dinero, debo ser una despelotada y, la peor desilusión, he notado, es cuando no soy “rara”, rara como una poeta. Más de una vez me sucedió que quien se acerca a la poeta espera vivir constantemente en un mundo de nubes. Un mundo que por supuesto sólo soportarían por un rato.
Yo me siento cruzada, empapada, por el rock y la tele, vaya conjunción. Me gusta el emblema de la pareja de John Lennon y Yoko Ono, aunque todavía fuera chica cuando los vi por la tele desnudos en una cama llena de flores y rodeados de carteles en contra de la guerra en Vietnam. Aunque no haya ni probado esa enorme cantidad y variedad de drogas que se dice que ellos consumieron, me entiendo más a partir de esa imagen de ellos y no viendo las falsas películas de Mercedes Carreras, que es el único ejemplo que recuerdo de mi propio país en esos años. Pero el problema para ahondar en esa historia es que recuerdo poco, recuerdo que él tenía una esposa a la que olvidaba en cualquier andén. Recuerdo que esa esposa un día se encontró ya instalada a Yoko en su casa. Que los Beatles no bancaban a Yoko y John les daba el portazo defendiéndola. Que después de muchos años juntos tuvieron unos meses de separación pero volvieron a unirse. Algunos lo lamentaban, decían que él estaba mejor durante su separación y con una “buena chica”. No recuerdo mucho más, así que trato de leer algo sobre ellos pero sólo encuentro drogas y alcohol en cantidades y mezclas como para descerebrarlos y superinterdependencia de adictos entre ellos. Suena a limitado que eso haya sido todo, que no encuentre más información excepto algunas grandes frases acerca de un gran amor. O es un relato moralista exagerado o ellos eran así de exagerados. Al fin y al cabo, eran tan tan emblema que es posible que no pudieran bajar de ahí. Hay algunos análisis psicológicos, como que John era un niño abandonado por su madre y que ella venía de la nobleza masculinista japonesa y ambos se necesitaron como barcos en una tormenta. Lo que en realidad importa es que ellos son el flower power, los happenings, las experiencias alucinógenas, distorsión en la percepción y distorsión en la guitarra, el arte conceptual, Give peace a chance, la pasión de la música contra un orden al que se estaba dando vuelta como un guante porque no daba ni respuestas ni felicidad. Hendrix prendiendo fuego a su guitarra, yo moría por Hendrix y Hendrix moría por sobredosis demasiado joven. Sí, el orden viejo no daba respuestas: ¿pero las da el nuevo?La generación paranoica, con melancolía de futuro y sin saber qué modelo... ¿Qué quiero? Ya ni sé. Me parece que quiero alguien que a apenas un mes de conocernos no me diga te amo ni me diga no quiero un compromiso. Alguien que se tome tiempo para ver, ver cómo soy, ver qué quiere ahora, con esta persona en particular y en este momento específico de su vida. ¿Y yo? ¿También seré capaz de no presuponer? Sobre todo lo que no quiero es esa manera en que algunos hombres parecen haber dicho “ustedes querían la independencia, aquí la tienen” y hacen mutis por el foro.Aunque no sea una buena película, hay una clave interesante en Acoso sexual: “Los hombres somos los que tenemos que ir a la guerra”, dice Michael Douglas. “Los hombres deciden las guerras”, responde su mujer, pero él contesta que no se encuentra precisamente en el Parlamento pudiendo tomar decisiones. En lugar de enfrentarse, “rehacen” la pareja comprendiendo que el problema está afuera y los afecta a ambos; en el caso de ellos, el problema de la competencia feroz entre empresas y entre personas dentro de una empresa. Otro excelente ejemplo son las películas de Abel Ferrara, esos hombres atrapados en tópicos masculinos que los destruyen y que no logran modificar. O Todo o nada, por ejemplo, donde el viraje económico ha dejado a los hombres fuera de su papel tradicional de “proveedores”. Allí los hombres encuentran al menos el primer paso para una solución: “poner al desnudo” el desconcierto y la dificultad. Esas son las grandes historias de amor de mi generación, esas películas parecen concentrar todas las discusiones y malentendidos que tuvimos en estos años. Miro a mi alrededor y veo que los que tienen parejas más sólidas y solidarias son los homosexuales, hombres o mujeres. Los que tienen 50 ya pasaron la época en que tuvieron que pelearla para poder mostrarse públicamente, los que tienen 30 o menos disfrutan más relajados de ese camino ya abierto. Los veo mucho más “de a dos” que a las parejas heterosexuales, aunque enfrentando otro tipo de dificultades, librados de cargar con la impronta de roles tradicionales y a la vez pelear contra ello. Aunque algunos tópicos culturales tuvieron que sacudirse también, sobre todo en la homosexualidad masculina, el rol de maestro-discípulo de los griegos por ejemplo. Verlaine-Rimbaud, Wilde-Bossie. Y una vez más la época: Wilde y Verlaine fueron encarcelados por “sodomía”, condenados a trabajos forzados. Es extraño cómo el mundo suele encarnizarse, como en el caso de Lennon, con un integrante de la pareja sin poder soportar la idea de que esa pareja es elegida por ambos, por destructiva que sea. Así como el mundo detesta unánimemente a Yoko, unánimemente detesta a Bossie (Alfred Douglas), el jovencito bello y según todos egoísta, perverso y malcriado que arruinó a Wilde. Después de hacerle malgastar su dinero y sus energías para escribir, después de despreciarlo a los gritos y luego buscarlo desesperadamente para continuar torturándolo, después de leerle poemas no muy buenos, de hacerle conocer el mundo de los taxiboys y de hacer un alarde de la relación que no era muy conveniente entonces, se dice que Douglas instigó a Wilde a enfrentarse con su padre en un juicio que todos advirtieron que terminaría mal. El padre de Douglas acusa públicamente a Wilde de sodomita, cuando se dice que no había nada que él pudiera enseñar a Bossie sino más bien al contrario, aunque el escritor fuera ya adulto y Bossie casi un adolescente. Wilde inicia un juicio pero pasa de ser el ofendido a ser el acusado y condenado. A partir de la condena sus libros dejan de estar en las librerías, su obra de teatro La importancia de llamarse Ernesto, que estaba teniendo tanto éxito, baja de cartel. La esposa de Wilde cambia el apellido de sus hijos, aunque se dice de ella que lo ayudó siempre, incluso al salir de la cárcel, ya arruinado de salud, de moral y económicamente. Se dice que mientras Wilde estaba en la cárcel Bossie intentó vender a un diario sus cartas, por lo que Wilde prometió a sus amigos y a sí mismo no dejarse enroscar nunca más por el mancebo al que todos consideraban una víbora celosa del talento de Oscar y aprovechada de su fama. Pero hay pasiones así, como un imán. Al salir en libertad allí está nuevamente Wilde con su Bossie, que ni lo cuida ni lo consuela. El gran escritor muere mientras el amante publica chismes y de paso sus propios poemas y embolsa dinero. Unánimemente esto es lo que cuentan las biografías y la película. Hasta Douglas mismo no logra desmentirlo bien. Pero no se dice mucho acerca de por qué Bossie, por qué no Robert, el primer amor masculino de Wilde que lo comprendía, lo apoyaba y amaba. Por qué no otros. Por qué esa obsesión en la que todos muestran a Wilde casi como un tonto cuando en su literatura es uno de los más agudos y sarcásticos. Algo veía Wilde en Bossie, algo que creía no tener en sí mismo, quizá todo el sarcasmo vuelto acto, un desparpajo brutal que Wilde habrá tomado por falta absoluta de hipocresía. Y la belleza, tan importante para el escritor que hizo un culto de la decoración y de la vestimenta. Como sea, está claro que opinar desde afuera siempre es inútil. En el fondo ningún ejemplo sirve, cada uno es cada uno.Al igual que Wilde y Bossie, unos cien años más tarde Sid y Nancy tuvieron una relación parecida, signada por la autodestrucción. ¿O por su manera neorromántica de entender el amor? Sid Vicious, el que en Londres no fue recibido por la Reina como Lennon sino que la burló en la canción God Save the Queen, que ninguna radio se atrevía a transmitir, el bajista fundamental del punk, encontró una noche a su amada Nancy apuñalada. Y aunque todo lo señalaba a él como culpable, no recordaba qué había sucedido. ¿Para qué lo rodearon de abogados y protección si lo que él quería, y finalmente hizo, era seguir a Nancy hasta la muerte? Siempre juntos, siempre desesperados. Comienzan los 80 con esta muerte, comienza aparentemente el triunfo del consumo, prevalece la droga del rendimiento sobre la del delirio. Por suerte nada es tan esquemático, también pasan muchas otras cosas, variedad de movimientos artísticos y de modos de relación que continúan bullendo. Pero básicamente, con menos extremo o espectacularidad, la misma exasperación de Sid tenemos todos, una exasperación que en realidad no nos la produce el otro sino la búsqueda de algo que siempre permanece inasible. Y más en esta época en que va apareciendo todo lo que los 80 y los 90 barrieron bajo la alfombra. De nada sirven ejemplos heroicos de amor en el día a día.
Sigo mirando alrededor para entender a través de modelos. De todos modos, cada época no tiene una sola imagen como un cuadro fijo, diversos modos conviven mientras los estratos de antes influyen. El tradicional matrimonio de Palito Ortega coexiste con las sucesivas parejas de Su Giménez, en las que siempre ella parece ser la “jefa de familia”. Ladi Di, la tragedia de querer sostener algo que ya no encaja es contemporánea, o casi, a la de la princesa Máxima. ¡Quién hubiera imaginado una princesa a quien le cuestionaran la actuación de su padre durante el Proceso! En la diversidad aparecen tantos ejemplos. Aparentemente un menú donde cada uno podría elegir el modelo ad hoc a su personalidad, aunque mayormente en cada generación prevalece un estilo. Frida Khalo coqueteando con Trotsky sin que Rivera protestara, aunque sí protestaba si ella tenía amantes femeninas. Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre estableciendo la no convivencia como fórmula de perduración. Anaïs Nin contando con detalles encuentros amorosos con, entre otros, Henry Miller, mientras Miller contaba sin eufemismos aventuras sexuales en los trópicos de Cáncer y de Capricornio. Y ambos amaban a June, la esposa de Henry. Madonna como ejemplo de la mujer que toma la iniciativa invitando a Banderas, Banderas como ejemplo de que hoy un hombre se atreve a decir que no. A veces los finales de las películas parecen regresar a cauces comunes o terminar en desastre. Ahora los que tienen que encontrar las nuevas formas del amor son ya nuestros hijos, a los que parecemos ridículas con nuestras polleras de bambula floreadas y que se ponen verdes si votamos al PO. Con todo, y aunque les tiraría con un plato cuando dicen que Janis Joplin es imbancable, confío más en ellos. Los veo haciendo menos diferencias entre hombres y mujeres, con roles más movibles. De pronto recuerdo un comentario de mi viejo a mi hermana y a mí: “Qué suerte, ustedes son amigas de los varones, en mi época no teníamos esa confianza, no nos tratábamos de ese modo”. Ya se sabe que la amistad no es como el amor, no se puede comparar una cosa con otra, pero es cierto que si la pareja avanzó fue inyectándole alguna cualidad de la amistad. Pero además, ya no hay ese ingrediente de muerte y destrucción como en Sid o en Lennon. Y mal que les pese a los jóvenes que ven a los 70 como una antigualla, parece que vuelve la idea de “resistencia” de a dos. Hoy nuestras hijas, cuando no se van del país porque no encuentran trabajo, se van con sus novios a un cacerolazo. Aunque a algunos de esos novios se les escuchan a veces opiniones que nos parecen descolgadas o yuppies. No importa. Estoy convencida de que en lo cotidiano, en las relaciones entre persona y persona, avanzaron más que nosotros. Creo. Quiero creer.

Saturday, October 29, 2005



para mi querido .........E.........por un nacimiento especial, sabiendo que se puede nacer en un sueño, en una arruga de una sabana de puro algodon (no tiene que ser de seda), en una flor, en un sueño....solo en la mente magnifica de quien cruza el altantico para encontrarse conmigo en la fase previa al sueño profundo..



NACIMIENTO – HECTOR TIZON

Algunas veces, antes de que anochezca se podía distinguir en el pálido horizontes unos trazos difuminados semejantes a nubes-
Paro ya nadie recordaba la lluvia.
La aridez sólo era morigerada por la humedad que en los amaneceres destilaba el rocío de las escasas plantas.
Para los de aquí, descendientes de adoradores del sol, el sol el infierno que seca la piel antes que la muerte llegue; Estos hombres que ya ni siquiera saben defenderse porque han perdido el concepto del mal.
Hacía mucho tiempo que no nacía una mujer en estos pagos, y por falta de hembras los
Varones mozos debían exiliarse; ya sólo quedaban los ancianos ; las mujeres, multíparas morían, y los jóvenes se los llevaba el camino.
El día en que las dos comadronas anunciaron la inminencia del nacimiento, fue para todos, de fiesta.
Por la forma esférica y no ovoidal del abdomen, por el rumor silencioso como de vientos profundos, que las viejas oían al poner sus orejas sobre el vientre grávido, y por la entrañable suavidad y tibieza de la piel, estuvieron seguras las parteras del inminente advenimiento.
El hecho se expandió por las comarcas: ahora, otra vez, iba a nacer una hembra y esto era como una esperanza y como una flor.
Con el anuncio se preparo el ágape, que sería una comida fraternal y primitiva: cordero asado con hierbas amargas y maíz; y música de viento.
El pueblo no era grande, apenas siete casas, con sus corrales circulares de piedra seca. Se obstinaba la gente en construir sus casas en esta paramera, cuando a lo sumo podría ser habitada por el viento polvorosos, sólo apto para senderos de cabras

Un cuento inmemorial pretende que aquí o muy cerca de aquí, alguna vez existió un lago; nadie lo cree pero nadie lo niega, y todos los pequeños pueblos de la región lo reclaman para sí. Algunos hasta han creído ver los rastros o vestigios de ruinas, de cobijos de pescadores que echaban sus redes a la luz de la luna.
Los pequeños pueblos no son mas de tres, separados entre sí por leguas tan yermas como las del país de Caín, a quien él >Señor había condenado a vagar por el desierto.
De allí salieron dos hombres, impulsados por el rumbos del nacimiento, y esos dos se hallaron con otro mas, y los tres juntos emprendieron el camino. Casi no hablaron entre ellos, puesto que lo que pudieron haberse dicho ya cada cual lo sabía.
Los tres viajeros pasaron la noche a la intemperie y durmieron encogidos junto al fuego que se extinguió al amaneces. Solo dos tenían cada cual una alforja, uno de ellos llevaba un pequeño pellón, y el otro una ollita del tamaño de la mano, con su tapadera ; el tercero era tan pobre que no llevaba nada.
Al amanecer del 5 día avistaron una delgada columna de humos que se mantenía erguida porque a esa hora el viento se recata. Apuraron el paso, pero el sol les ganó en llega. No tuvieron que hacer ninguna pregunta y, enseguida los tres estuvieron junto al jergón donde yacía la criatura recién nacida, que acababa de morir.
Tampoco en el camino de regreso tenían nada que decirse.
Quizá porque todos sabían que vivir acá era como una extravagante vanaglotia.

Friday, October 28, 2005

UN “PUEMA” - CIERTA CURIOSIDAD POR LAS TETAS
“.....pero siempre le queda a uno
cierta curiosidad por las tetas

Cesar Fernandez Moreno ( de Ambages)

Poco se habla
De las dulces montañas
Proa al cuerpo
Estilete de leche
Ondulación permanente
Buen vino
Pezón
Son
Saciedad
¿ Una madre se oculta
tras los rojos botones
que alimentan o excitan?

La succión es un rito
ancestral
Solidario
el filosofo dijo:
Nada es mas importante
Que una teta besada
En el lugar
Y el momento
Oportuno, un ascensor que se para
en el quinto piso
el baño del colegio
en el recreo largo de los
mediodías
La plaza sin faroles
del domingo a la noche
la matiné del barrio
con la Sarli en los ojos
y la mano atrevida
buscando la entrepierna

una teta besada
roe monotonía
le devuelve a la boca
el oficio terrestre
de comer otro cuerpo
la teta en su lenguaje
manantial y creíble
todo lo purifica
no importa la textura
o el tamaño que tengan
en los pueblos se escucha
el rozar de las tetas
en las siestas de marzo
pienso
que hay hasta tetas
arrastrando mujeres
por las calles desiertas
de las grandes ciudades




(Del libro: Cierta curiosidad por las tetas, escrito por Reynaldo Sietecase)
Sencillamente porque me parece increible, hermoso, y escrito por un gran maestro.

CARTA A UN HIJO - Dr. Janan Nudel
Mí querido hijo:

Me parece una buena oportunidad para decirte algunas de las cosas que tengo guardadas. Hoy cumplís 19 años. El mundo en el que naciste es distinto al mundo en el que nací yo. Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Mis padres hablaban menos con nosotros. Nosotros crecimos en momentos en que la humanidad ponía fin a una guerra atroz, y en nuestra condición particular de judíos, ya se había consumado el exterminio nazi.
Vos naciste en medio de los movimientos estudiantiles franceses y cuando se vislumbraba un mundo mejor, que se conocería como “el idealismo de la década de los 60 y de los 70”.
Intenté trasmitirte las vivencias que tuve en mi juventud, que son las que me permitieron relacionarme con vos, como dos personas, una de las cuales tenía el rol de padre y la otra, el rol de hijo. Eso significa que ambos crecíamos juntos, mientras que aprendíamos el uno del otro.
En mi mundo había una clara separación entre los sexos, que ya había empezado a desaparecer en el tuyo. Nuestro mundo se caracterizaba por encontrar en la lectura una comprensión que se agregaba a la militancia, a las conversaciones que teníamos con los amigos acerca de lo que significaba un hombre nuevo, en una sociedad más justa y equitativa, o que por lo menos creara oportunidades para todos.
En tu mundo asomaba más la búsqueda de un estado de nirvana, de plenitud absoluta, centrada en uno mismo. En el nuestro, la ley que reconocíamos para nosotros, era la de uno para los otros. Nosotros vivíamos en movimientos revolucionarios por su proyecto transformador, y ustedes recibieron las consecuencias de la omnipotencia que tenían nuestros movimientos.
Para nuestros padres el destino de la sexualidad era la paternidad. Nuestra sexualidad tenía como destino el goce, y desde el goce las posibilidades del placer se multiplicaban. Fue un esfuerzo para nuestra generación desligar la sexualidad de la genitalidad, y reconocer los alcances de la sexualidad en términos de goce. Desde una caricia, una cena, un acto sexual, una lectura, una conversación, una paternidad deseada. Una entrega que no tuviese como destino producir algo, sino disfrutar de vínculos en distintas situaciones, que eso también es goce.
Me ocupé, mas allá de haberlo logrado o no, de que aprendas a disfrutar. En lugar de vincularte con lo que te faltaba, para vivir en la insatisfacción, que alude a lo que sentís que no podés ser en relación al que te propusiste, y que intentes resolverlo a través de la posesión de cosas, quise mostrarte el placer de reconocer lo que uno tiene. Sería bueno que la tuvieras en cuenta, hijo, como una opción en la que creciste.
En el marco del amor que te transmitía, traté de ser lo más sincero posible. El rol de padre no es el de un maestro, aunque tenga que enseñar. Incluye la culpa, la duda, las condiciones por las que uno atraviesa, de las que siempre pensé, no sé si para bien o para mal, que vos debías participar, aunque evitando transmitirte el dramatismo con que yo las vivía.
Tu vida es distinta. Tenés una forma de divertirte que me esforcé por compartir con vos, pero no pude. Una forma de entender las cosas, que muestra una total libertad de entrar y salir de las cosas, pero también la imposibilidad de quedarte.
Transar, romper, partir, acompañadas con un “no se”, que me sonaba conformista, un “me aburro”, un “no tengo ganas”, que era la forma de advertirme que ya me estaba metiendo en tu vida, y que serías vos quien decidiría qué ibas a hacer, y qué no.
Estoy convencido, con todas las limitaciones que tiene un padre, que siempre quise que fueras feliz a tu manera, y que no tenía por qué coincidir con la mía.
No tenés por qué comprenderme. Es mi tarea la de estar cerca tuyo, mientras vos te vas comprendiendo.
Mientras te escribo, el cielo se llenó afuera de colores y de formas. Son fuegos artificiales. Me gustan. Me gustaría que tu vida tuviese esos colores y esas formas.
En mis tiempos, que duran hasta hoy, un color sólo me parece “lo absoluto”, y una “forma única”, lo amorfo. Vos tendrás que elegir aquello que querés para vos.
Mi vida fue encontrar la felicidad a mi manera, y creo que mis padres sufrían por eso. Su manera no incluía el goce, porque lo único importante para ellos era la seguridad. No fue fácil para ellos tener un hijo como yo, y quizás no sea fácil para vos convivir con lo que te propones y al mismo tiempo, con lo que te fui proponiendo.
Traté, por todos los medios, de vaciar lo que estaba lleno de nada, y ocupaba mucho espacio en mi vida. Traté de dejarte vacíos para que los llenases como quisieras. Me pareció bueno haber sido, y seguir siendo un transgresor, pero sólo en lo que iba necesitando. Haberlo sido en todo hubiese significado caer en otra ley, la “ley de la transgresión”. Y cualquier transgresión que se transforma en ley, vuelve al comienzo con palabras distintas.
Tenemos cosas, pero somos palabra, acto, entrega, amor y máscara, más en tu caso por estar estudiando teatro. Corrés el riesgo, en el mundo en que te toca vivir, de confundirte entre lo que sos y lo que tenés. Preferiría que fueras el que sos y que le agregues lo que tenés, pero independientemente del que sos. Me parece que permite un amor más libre.
Espero que puedas vivir el amor en libertad, y que no malgastes tu vida en ser lo que yo no pude ser. Si no pude ser el que hubiese querido ser, te garantizo que sí pude ser el que soy. No tenés que repararme. Me alcanza con que vivas la vida que quieras vivir, y que la elijas por lo que tu vida tuvo de amor, y no de resentimiento. Si lo hacés desde el resentimiento te perdés la posibilidad del goce y con eso perdés el placer de la entrega.
No se trata de compartirte para que haya amor, sino de entregarte. Si lo lográs cambiás el destino de la familia. No es el momento de pedir perdón. Creo que vivíamos perdonándonos mientras íbamos haciendo la vida, para evitar decidir desde el rencor, y poder decidir desde el deseo.
Tengo un deseo que no puedo evitar expresarte. No tiene que ver con tus abuelos, sino conmigo. Lo judío está impreso en mí. Por suerte no tiene forma de número, sino de un deseo. Me siento muy amplio, y este deseo es una expresión de lo más abierto que me logré sentir. Siempre podés contar conmigo. Hay entre nosotros un pacto, que por ninguna circunstancia voy a modificar: Voy a estar siempre de tu lado, aunque te alejes de mí. Te pido que trates de seguir con nosotros. Me siento parte del pueblo judío. Hacelo de la manera que decidas. No tiene que ver con nuestros antepasados, tiene que ver conmigo y espero que tenga que ver con vos. Tengo claro que puede no ser así. En ese caso, no siento que debería haber hecho algo distinto de lo que hice. Eso te evita un remordimiento y a mi, una culpa.
Hay un límite a la posibilidad de influir en vos, y ese límite sos vos mismo. Lo tengo presente.
Cuando a los doce años escribiste acerca de la señorita Carmen, me encantó tu miedo a que te comiese. Te volcaste a Lucía que tenía un año menos que vos. Cuando sientas que te quieren comer, mira a otro lado, sin desaparecer; es seguro que aparecerán ojos dulces, no importa de quién. Y si aún sentís que son miradas dulces las que quieren comerte, primero preguntate si no te pasa algo, que te hace sentir que todos quieren comerte. Si lo descartás, buscá por otro lado, porque una Lucía en el cuerpo de quien sea, circula por el mundo a la búsqueda de alguien que pueda hablarle de amor.


Muchas felicidades y hasta los 120 años.


Papá

Thursday, October 27, 2005


ESTE ES MI MARAVILLOSO MAR...DIA DE TORMENTA....LUGAR? VILLA GESELL ENERO 2005....

MI LU
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu
tan luz
tan tu
que me
enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana
el suyo
la crucis
los desalmes
con sus melimeleos
sus erpsiquisedas
sus decúbitos lianas
y dermiferios
limbos y gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave
dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu
más lar
más lampo
mi pulpa
lu de vértigo
de galaxias
de semen
de misterio
mi lubella
lusola
mi total lu
plevida
mi toda
lu
lumía

y nuevamente gracias Oli.-.... y no...nada de fotos hoy...que te pasa blog???????? esssssssso siiiiiiiii la subi! a ver...quien sabe lo que es??
"Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable.
Amor desnudo..."

LLORAR A LÁGRIMA VIVA
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

(gracias Oli...) aunque no puedo subir LA (MI) imagen

Sunday, October 23, 2005


COMO AGRADECER(TE) ESTO?????????????????????
UNA PUNTITA DE ALGO MARAVILLOSO......AUNQUE NO TANTO COMO EL GESTO DE QUIEN ME LO HIZO POSIBLE....GRACIAS DE CORAZON.....

Sandor Marai
El último encuentro (fragmento)
" Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere. Comprende la maravilla y la razón de las acciones humanas. El lenguaje simbólico del inconsciente... porque las personas se comunican por símbolos, ¿te has dado cuenta?, como si hablaran un idioma extraño, chino o algo así, cuando hablan de cosas importantes, como si hablaran un idioma que luego hay que traducir al idioma de la realidad. No saben nada de sí mismas. Sólo hablan de sus deseos, y tratan desesperada e inconscientemente de esconder, de disimular. La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad... Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte. Pero entonces tampoco esto duele ya. Krisztina me engañó, ¡Qué frase más estúpida!... Y me engañó precisamente contigo, ¡qué rebeldía más miserable! Sí, es así, no me mires tan sorprendido: de verdad me da lástima. Más tarde, cuando me enteré de muchas cosas y lo comprendí y lo acepté todo (porque el tiempo trajo a la isla de mi soledad algunos restos, algunas señales significativas de aquel naufragio), empecé a sentir piedad al mirar al pasado, y al veros a vosotros dos, rebeldes miserables, mi esposa y mi amigo, dos personas que se rebelaban contra mí, atemorizadas y con remordimientos, consumidas por la pasión, que habían sellado un pacto de vida o muerte contra mí. "

Saturday, October 22, 2005


cuando hoy en dia la palabra es
AL SALIR DE CLASE ASC
BESITOS B7s
CLASE kls
COLGADO clg
CONTAME kntm
CHICA xka
CHICO xko
DISCO dsk
E-MAIL e-m
ENOJADO grrrrr
ESTOY MUERTO KO
FIESTA fsta
HASTA LUEGO h lgo
HASTA MAÑANA hsta mñn
LLAMAME ymam
ME DUERMO Zzz
NO PASA NADA NPN
NO PUEDO HABLAR NPH
NOS VEMOS NV
PROFESOR prf
QUE TENGAS UN BUEN DIA QT1BD
SALUDOS salu2 SUBTE sbt
TAXI tx
TE MANDO UN MAIL t@
TE QUERIA PERO SE ACABO TQPSA
TENGO QUE IRME TKI
TEXTO txt
VAMOS vms
Como se dira la palabra AMOR, así? ♥♥♥♥♥♥♥♥♥
es bueno conocer a otros bloggersssss `cho gusto! blogger...un vero piacere charlar ke tngs 1 bn dgo!! jajaja

Thursday, October 20, 2005


A TODOS QUIENES HAYAN CERRADO ALGUNAS PUERTAS PARA ABRIR OTRAS, O QUIEREN CERRARLA/S Y NO PUEDEN, O QUIENES PIENSAN QUE NO HAY PUERTA O NO HAY LUZ ATRAS DE ALGUNA PUERTITA CASI INVISIBLE! Y PARA QUE VEAN QUE ADELANTE O ATRAS DE ESA PUERTA ESTA ESTE ABRAZO QUE TE SOSTIENE, TE AMA Y TE ESPERA SIEMPRE CON LOS BRAZOS Y LA PUERTA ABIERTA...
Si te has acostumbrado a pasar por una puerta, creas una especie de visión túnel: no puedes ver ninguna otra puerta. Sólo ves esa puerta, te vuelves inconsciente de las otras. Y cuando esa puerta única se cierra entras en pánico a causa de tu visión túnel. El hombre que se está buscando a sí mismo tiene que aprender a abandonar la visión túnel, tiene que aprender a permanecer alerta y disponible a todas las posibilidades.Si una puerta se cierra, diez puertas se abren inmediatamente para ti. Ésta no es una declaración filosófica, es simplemente un hecho. Pero tú sólo miras a través de tu pasado. Estás tan obsesionado por el pasado que no puedes ver que se están abriendo otras puertas. Ni siquiera puedes creer que hay otras puertas. Sólo conoces una puerta y esta se ha vuelto familiar para ti, te has habituado a ella.Ahora se cierra, y hay gran dolor, gran miedo y gran agonía. La agonía no está ocurriendo porque la puerta está cerrada, la agonía está ocurriendo porque tú tienes visión túnel. No puedes ver ningún otro lugar, sólo tienes una visión enfocada. Permite que tus ojos sean un poco más amplios.Las puertas viejas tienen que cerrarse, de no ser así, ¿cómo crecerás y ascenderás? Si sigues pasando siempre por la misma puerta, entonces no es posible la transformación. Las puertas deberán cerrarse para que te veas forzado a moverte desde un nuevo ángulo hacia una nueva dimensión.Pides crecer pero toda vez que una puerta se cierra, duele. Te enojas, te enfureces. Y no entiendes la aritmética simple: si deseas el crecimiento siempre tendrás que estar listo para pasar por nuevas visiones, nuevos territorios, nuevos planos. Y es aquí donde serás puesto a prueba: ésa es la primera prueba. Cuando una puerta se cierra otras diez deben haberse abierto ... entonces abandonando tu visión túnel empieza a mirar alrededor buscando las puertas que deben haberse abierto ... y esa es la única medicina ante el miedo. Eso es confianza .... confianza en la vida".

Wednesday, October 19, 2005


(hoy estoy prolifica...)


Alejandro Aguilar Zeleny.
Si yo puedo escribir ésto, y tú puedes leerlo, es porque en medio de nosotros, están las palabras. Realmente ellas están por todas partes. Ahí, donde mires y veas alguna cosa, están y aunque no haya nada, de todas maneras hay palabras. Es que andan por todos lados y en cuanto se descuida uno...,¡Salen volando y agarran monte!
Es muy difícil saber de qué color son, a veces parecen azules y luego resulta que son de un naranja bajito , otros días , las palabras se miran claras.
Si queremos probar su sabor, también se nos viene encima otro problema, porque saben a melocotón, pero si paladeas otro poquito más, son como de coco, y mas despacito saben a fresas no muy frías.
Hay palabras que saben a pepino con sal, limón y chile; otras no saben a nada. Hay otras que saben tan mal, que luego es mejor no decir nada de ellas.
El caso es que hay palabras de todos los colores , olores y sabores y para todos los gustos. Lo que pasa es que las palabras son una de las cosas más mágicas que supieron inventar los hombres. Ya nadie se acuerda de donde salieron, pero todos sabemos que antes de que llegáramos aquí, ya había muchas.
Los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos o mas atrás todavía, ya tenían sus palabras, que aunque parecidas, no son las mismas. Así son ellas de vagas que van caminando y cambiando.
Tenemos palabras de los abuelos de los niños O´OTan que se llaman a sí mismos "La gente del Desierto" y que saben acomodar las palabras una tras otra para traer muchas historias muy grandes, también hay palabras como las de los Yoremes, Mayas y Yaquis que saben que la palabra Yoreme quiere decir: " El que respeta las tradiciones y palabras de sus mayores "
Existen palabras muy cortas pero muy grandes y que llegan a todas partes como la luz.
Cada quien, cuando quiere, junta las suyas y las va poniendo de una forma o de otra, pero siempre diciéndonos y contándonos algo que cada día es nuevo, por que cada día, cada hora y cada minuto también tenemos palabras-
Total, que todos hablan y todos tienen palabras y detrás de éstas páginas hay muchas palabras y cuentos y canciones, pero también es bueno saber leer o escucharlas. ¡ Mejor dejemos que vengan ellas.!..

P E S A D U M B R E?! T R I S T E Z A?!
la luna siempre esta!!!! bailando en la terraza a la luz de la luna, remedio infalible
Meditaciones sonre una boda. Gracias a Margarita Pintado que ni sabe que sibi esto!

Hace unos días acompañé a mi amiga a comprar su vestido de novia. ¿Quién coño dijo que la familia y el hogar estaban en crisis? Aquel día en E’leonor, (la tienda preferida para los ricos que se casan) las chicas hacían fila para medirse los pomposos vestidos. Todo allí era alegría. Ojos iluminados y risas recatadas (porque en E’leonor no te puedes reír muy duro). Todavía no sé cómo catalogar la escena. Era una graciosa mezcolanza entre lo patético, lo hermoso y lo cursi. Y yo me sentía tan perdida, tan desubicada, tan evidentemente desinteresada en las benditas bodas, que casi me sentí mal. Casi.
Como toda tienda para gente bien, a los acompañantes que teníamos que chuparnos todo el tiempo que requirieran las futuras novias, nos consentían con tacitas de café y hasta galletas. Algunas de las afortunadas madres lloraban emocionadas al ver a sus hijitas salir del probador. ¿Qué les pasaría por la mente para llorar así? Siempre he sospechado que las madres saben algo que no nos quieren decir para terminar jodiéndonos y seguir teniendo la razón. En ésas estaba yo, concentrándome para no matar a nadie, cuando vi salir a mi amiga. Y viéndola así, envuelta en tules blancos, pensé en todos los símbolos que acompañan, pero no empañan (todavía no) el rito matrimonial.
Vamos a ver cómo digo esto sin sonar como una de esas feministas que tan mal me caen. Estoy esforzándome para que esto parezca un diálogo, no un discurso. Estoy conversando aquí, pues, con mi amiga que se casa, con todas las chicas de E’leonor que me miraban mal cuando acariciaba con desprecio sus simbólicos trajes, con ustedes y conmigo. Bueno, ya está. No doy más explicaciones. A lo que iba era a mirar muy por encima toda la parafernalia marital, empezando por el traje. ¿Por qué sigue siendo blanco, si ya todos saben que la mayoría de sus portadoras no son vírgenes? Ya no representa la tradición de la pureza y la nobleza mujeril, sino el disimulo, la tradición de la hipocresía. Es la consolidación total del simulacro. Claro que si lo vemos así, usar el vestido blanco es una hermosa afrenta, un sacrilegio. Si es así, yo me apunto. No obstante, el traje de novia sigue siendo un discurso de cómo se deben hacer las cosas, de cómo se debe llegar al altar. Me consta, ya que mi madre no se cansa de hablar sobre la importancia y el significado del traje blanco. Bueno, dejemos ahí el asunto del traje. Luego está el anillo. O mejor dicho, los anillos, porque ahora te separan, tipo lay-away con el de pre precompromiso, el de precompromiso, el de compromiso y, finalmente, el de matrimonio. Te colonizan el dedo anular para anularte todas las demás posibilidades. O ¿de dónde pensaron que venía la palabra? Te ponen el bendito aro que llaman “de amor”, pero cuya función (además de conmemorar y validar la cultura de consumo), es evidenciar que ya no te perteneces sólo a ti, sino que debes compartirte con otro. De pronto, te conviertes en un Estado Libre Asociado. Y lo último, por ahora, es no poderte entregar tú sola cuando vas rumbo al altar. No, no, no. Tú no puedes tomar ese paso, al menos no simbólicamente. Tiene que venir tu padre (otro hombre), a tomarte de la mano (para que no te pierdas por los oscuros vericuetos de la vida) y cedérsela a quien, a partir de ese momento, se convertirá en tu nuevo papá.
Tengo que aceptar que me ha costado mucho desmitificar todo este embrollo bodístico. Yo solía ser una novia de blanco en potencia. Pero ¿cómo no serlo cuando se supone que todas, desde chiquitas, compartimos el mismo sueño? Gracias a Dios que tengo amigos feministas muy crueles, pero solidarios, que aparte de querer joderme la vida para que me quede sola por siempre, me estimulan a ver más allá de las flores, el séquito, los trajes y los anillos.
No sé si mi amiga sea virgen, pero va de blanco, con velo, corona y toda la pendejá. Y con todo este lío nupcial, ella se jacta en proclamar que se prepara para tener una vida de verdad. ¿Yo? Bien, gracias. Jugando a tener una vida. Según ella, mientras no me pongan el velo, mi vida es sólo un intento, una vidita.
Muchos de los que optan por no casarse lo hacen, en parte, para evitar todo el desmadre de preparativos que anteceden al acto nupcial. Por eso, lo más molestoso de tener una amiga por casarse, es que te obligan a participar del proceso. Como si todos fuéramos culpables de la boda. Como dama de honor que soy, pues, he tenido que acceder a varias citas designadas por mi amiga, como por ejemplo, visitar a la costurera. La doñita no sólo es hábil con la aguja, sino también con la lengua. Muy dulcemente, entre medida de busto y cintura, insiste en atacarme con sus preguntitas: “¿Y tú, cuántos años tienes?” “¿Y tú, cuándo te casas?” “¿Y tú, tan linda y sin novio para casarte?” “Yo conozco a unos cuantos muchachos”. Gracias señora, yo también conozco a unos cuantos. No sé quien le dio el oficio de Celestina a tanta gente, incluyendo a mi amiga, quien cree que el mundo sería un lugar mejor si todos estuviéramos casados. Y quien sabe, tal vez tenga razón. A fin de cuentas, a la larga todos nos quedamos más o menos igual de solos. La única diferencia es que la soltería sale más barata, pero Hacienda lo sabe y por eso se desquita y nos hace pagar demás. Es nuestro castigo por cometer el delito de la soltería. Egoístas nos llaman, cuando aquéllos se casan, entre otras cosas, para parir futuros acompañantes. Sí, así de hijos de puta son; paren hijos para tener a alguien que les cambie los pañales cuando estén arrugados y jodíos. Si supieran que los van a mandar a un asilo, no parirían tanto.
No obstante, y muy a pesar de todos los razonamientos lógicos que efectúe sobre el tema, todavía no he desechado la idea de casarme. Sí, lo sé, se me pone la cara roja al decirlo (es una metáfora, mi color de piel no me permite ponerme roja) y, mucho más, al escribirlo. Debo admitir que hay cierto encanto, cursi por demás, que me llama la atención. Creo que no debí ver tantas telenovelas cuando era niña. No me muero de ganas, pero queda por ahí un maldito gusanillo que me empuja a casarme. La cosa es que, a pesar de lo dicho, no me siento tan mal por admitirlo, tal vez porque me justifica la cultura (que tanto critiqué hace tres segundos) y la opinión pública (o sea, mi mamá), y porque me asusta (y ahí va lo más terrible) quedarme sola. Qué paradoja. Lo peor de todo es que me siento revindicada por saber todo lo que involucra el acto nupcial. Es decir: si me caso, lo hago a sabiendas de la estupidez que cometo, y no porque soy una boba romántica. ¿Estará ahí mi salvación? Lo dudo. A fin de cuentas, no soy yo quien se está probando vestidos blancos. Mientras tanto, procuraré esconderme cuando mi amiga arroje el ramo de flores, aunque se muera de ganas por arrastrarme con ella. Claro que, si lo pienso bien, seguramente no tendré que esconderme. Siempre hay muchas damitas dispuestas a pelearlo, para correr de inmediato a E’leonor y tomar café con galletas. Por el momento, ya tomé una decisión importantísima: Si me caso un día, no usaré velo, ni me vestiré de blanco, y la sortija será de coco. Ésas se botan sin ningún remordimiento, y pasan inadvertidas, just in case. Tú sabes.

Vine a entender por qué a París le llaman “la ciudad de las luces” sólo el día veintinueve, el último de treinta días que pasé en la ciudad. Ese día subí a la Torre Eiffel y lo vi todo. Vi sus luces de cerca; trenes del metro atravesando el Sena sobre puentes, con ventanitas cuadradas, amarillas y perfectas; carritos que no llegaban a ser de juguete, tan pequeños que hubiera hecho falta pinzas para agarrarlos; a lo lejos, en el horizonte, grandes montañas de luces parpadeantes, la ciudad guiñando como un letrero de neón viejo. Y sobre el Sena, el reflejo de las luces blancas que se encienden en la torre cada hora por quince minutos (contados), que parecen diamantes al sol o escarcha. Las luces parpadeantes también se reflejan en los edificios altos de oficinas, ésos cubiertos de ventanas en vez de paredes de concreto. Los reflejos en el agua y en los ventanales añaden al brillo.
Todos los días quería (d)escribir algo de lo que había visto, pero nunca lo hice. No sólo por falta de tiempo, sino porque se me hacía muy difícil expresar en un papel blanco con una tinta de un solo tono todo lo que había entrado por mis ojos, todos los colores, todos los sonidos, todas las experiencias nuevas (y las repetidas también, porque a veces sabía que había estado en un lugar antes, pero la forma de llegar a él, o la compañía, o las razones que me llevaban, o la nostalgia por mi madre, las convertían en nuevas, y ya no podía referirme a ellas como repetidas, así que tampoco las podía explicar porque eran nuevas). Por eso tenía afán de sacar todas las fotos posibles. Dependo de las imágenes y no de las palabras para recordar y luego contar, o sólo para recordar, pero al final la cámara tampoco fue tan efectiva para capturar todo lo que mi ojo diligente encontraba. Y además, dejaba huérfano de expresión al sentido del oído y, a veces, el del olfato. De repente necesitaba, si escribía, contar las cosas al estilo de la literatura de antes, cuando se precisaba describir todo para que pudieran visualizarlo y seguir con la historia los que nunca habían visto algo. Ahora mismo, tratando de explicar lo de las luces blancas, me ha pasado. Quizás alguien que me lea no entenderá lo de los quince minutos de fama luminaria, pero ¿será una deficiencia mía como escritora? A eso me refiero, a la imposibilidad de describir algo en verdad impresionante (imposible impresionar), de la impotencia al ver que lo que uno acaba de (d)escribir no se asemeja a la realidad que uno quiere que los demás entiendan, aunque el mismo autor sepa lo que quiere decir al releerlo. Quizás con un dibujo:
Y aun así, ¿ qué son esas cruces? Son luces, luces intermitentes, miles de luces, diamantes, escarcha.
(Nótese que en este dibujo he tenido de recurrir al cliché de la media luna para mostrar que las luces intermitentes brillan de noche. La verdad es que la noche en que fui había luna llena. Pero, ¿ qué parecería un círculo al lado de la torre? Tendría más que explicar. Tendría que hacer notas como ésta.)

Soy una gran soñadora. Textualmente. Sueño historias con principio y fin. A todo color. Tan reales que aunque despierte, quedan sus imágenes prendidas a mi espíritu durante todo el dia. Delicioso si el sueño es bueno, pero sobrecogedor y capaz de abrumar a mi alma con pesadumbre y dolor en caso contrario.
En esas ocasiones necesito parir algo. No siempre es un feliz parto donde al final hay algo hermoso que contemplar o leer. Pero si el torbellino de la vida me lo permite, solo a veces ocurre, me detengo y extraigo una impronta de esas fuertes impresiones que atenazan al alma desde que son soñadas.
Pintar tal vez permite recordar con más tranquilidad que, por ejemplo, de otras maneras? o no?? Las dictadas por el o los sueños, sean escritos, pintados, fotgrafiados, son obras más reflexivas, más reposadas, dotadas de una realidad idealizada en muchos sentidos.

Mujer soñando
La mujer se despierta y anda desnudapor las estancias vacias de ese palacio demasiado grande,demasiado vacio para alguien que se siente tan sola.A su piel llega la tibieza de ese solque entra eternamente por los amplios ventanales.Sabe, demasiado bien,que no va a encontrar a nadie,mientras sus piés desnudos exploran las estancias.Igual que sabe que las debe explorar eternamete...porque así es soñada...Que solo hallará descanso cuando yo despierte.

Monday, October 17, 2005


Jorge Drexler: guitarra y vos
¡que viva la ciencia, que viva la poesía!
¡ qué viva siento mi lengua cuando tu lengua está sobre la lengua mía!
el agua está en el barro,
el barro en el ladrillo,
el ladrillo está en la pared y en la pared tu fotografía..
es cierto que no hay arte sin emoción,
y que no hay precisión sin artesanía...
como tampoco hay guitarras sin tecnología
tecnología del nylon para las primas
tecnología del metal para el clavijero
la prensa, la gubia y el barniz :
las herramientas del carpintero
el cantautor y su computadora,
el pastor y su afeitadora,
el despertador que ya está anunciando la aurora
y en el telescopio se demora la última estrella
la máquina la hace el hombre… …..
y es lo que el hombre hace con ella el arado,
la rueda,
el molino
la mesa en que apoyo el vaso de vino
las curvas de la motaña rusa
la semicorchea y hasta la semifusa
el té,
los ordenadores
y los espejos
los lentes para ver de cerca
y de lejos
la cucha del perro,
la mantequilla
la yerba,
el mate y la bombilla
estás conmigo
estamos cantando a la sombra de nuestra parra
una canción que dice
que uno sólo conserva lo que no amarra
y sin tenerte,
te tengo a vos
y tengo a mi guitarra
hay tantas cosas, yo sólo preciso
dos: mi guitarra y vos,
mi guitarra y vos hay cines,
hay trenes,
hay cacerolas
hay fórmulas hasta para describir la espiral de una caracola
hay más:
hay créditos,
tráfico,
cláusulas,
salas vip
hay cápsulas hipnóticas
y tomografías computarizadas
hay condiciones para la constitución
de una sociedad limitada
hay biberones
y hay obúses
hay tabúes,
hay besos,
hay hambre
y hay sobrepeso
hay curas de sueño y tisanas,
hay drogas de diseño
y perros adictos a las drogas en las aduanas
hay-manos-capaces-de-fabricar-herramientas-
con-las-que-se-hacen-máquinas-para-hacer-ordenadores
que-a-su-vez-diseñan-máquinas
herramientas
-para-que-las-use-la-mano
hay escritas infinitas palabras :
zen gol bang rap Dios fin
hay tantas cosas, yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos, mi guitarra y vos",
-que-hacen- herramientas-para-que-las-use-la-mano
hay escritas infinitas palabras :
zen gol bang rap Dios
fin hay tantas cosas, yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos, mi guitarra y vos

Sunday, October 16, 2005


EL PÁJARO DEL ALMA

HONDO, MUY HONDO, DENTRO DEL CUERPO HABITA EL ALMA.
NADIE LA HA VISTO NUNCA PERO TODOS SABEN QUE EXISTE.
Y NO SOLO SABEN QUE EXISTE, SABEN TAMBIÉN LO QUE HAY EN SU INTERIOR.
DENTRO DEL ALMA, EN SU CENTRO, ESTA, DE PIE SOBRE UNA SOLA PATA, UN PÁJARO:EL PÁJARO DEL ALMA.
EL SIENTE TODO LO QUE NOSOTROS SENTIMOS.
CUANDO ALGUIEN NOS HIERE, EL PÁJARO DEL ALMA VAGA POR NUESTRO CUERPO, POR AQUÍ, POR ALLÁ, EN CUALQUIER DIRECCIÓN, AQUEJADO DE FUERTES DOLORES.
CUANDO ALGUIEN NOS QUIERE, EL PÁJARO DEL ALMA SALTA, DANDO PEQUEÑOS Y ALEGRES BRINCOS, YENDO Y VINIENDO, ADELANTE Y ATRÁS.
CUANDO ALGUIEN NOS LLAMA POR NUESTRO NOMBRE.
EL PÁJARO DEL ALMA PRESTA ATENCIÓN A LA VOZ, PARA AVERIGUAR QUE CLASE DE LLAMADA ES ESA.
CUANDO ALGUIEN SE ENOJA CON NOSOTROS, EL PÁJARO DEL ALMA SE ENCIERRA EN SI MISMO SILENCIOSO Y TRISTE.
Y CUANDO ALGUIEN NOS ABRAZA, EL PÁJARO DEL ALMA, QUE HABITA HONDO, MUY HONDO, DENTRO DEL CUERPO, CRECE, CRECE, HASTA QUE LLENA CASI TODO NUESTRO INTERIOR.
A TAL PUNTO LE HACE BIEN EL ABRAZO.
DENTRO DEL CUERPO, HONDO, MUY HONDO, HABITA EL ALMA.NADIE LA HA VISTO NUNCA, PERO TODOS SABEN QUE EXISTE.
HASTA AHORA NO HA NACIDO HOMBRE SIN ALMA.
PORQUE EL ALMA SE INTRODUCE EN NOSOTROS CUANDO NACEMOS, Y NO NOS ABANDONA NI SIQUIERA UNA VEZ MIENTRAS VIVIMOS.
COMO EL AIRE QUE EL HOMBRE RESPIRA DESDE SU NACIMIENTO HASTA SU MUERTE.
SEGURAMENTE QUIERES SABER DE QUE ESTA HECHO EL PÁJARO DEL ALMA.
¡AH! ES MUY SENCILLO: ESTA HECHO DE CAJONES Y CAJONES PERO ESTOS CAJONES NO SE PUEDEN ABRIR ASÍ NADA MAS.
CADA UNO ESTA CERRADO POR UNA LLAVE MUY ESPECIAL.
Y ES EL PÁJARO DEL ALMA EL ÚNICO QUE PUEDE ABRIR SUS CAJONES.
¿COMO?
TAMBIÉN ESTO ES MUY SENCILLO: CON SU OTRA PATA.
EL PÁJARO DEL ALMA ESTA DE PIE SOBRE UNA SOLA PATA;
CON LA OTRA -DOBLADA BAJO EL VIENTRE A LA HORA DEL DESCANSO- GIRA LA LLAVE, MOVIENDO LA MANIJA Y TODO LO QUE HAY DENTRO SE ESPARCE POR EL CUERPO.
Y COMO TODO LO QUE SENTIMOS TIENE SU PROPIO CAJÓN, EL PÁJARO DEL ALMA TIENE MUCHÍSIMOS CAJONES.
UN CAJÓN PARA LA ALEGRÍA Y UN CAJÓN PARA LA TRISTEZA,
UN CAJÓN PARA LA ENVIDIA Y UN CAJÓN PARA LA ESPERANZA,
UN CAJÓN PARA LA DECEPCIÓN Y UN CAJÓN PARA LA DESESPERACIÓN,
UN CAJÓN PARA LA PACIENCIA Y UN CAJÓN PARA LA IMPACIENCIA.
TAMBIÉN HAY UN CAJÓN PARA EL ODIOY OTRO PARA EL ENOJO,
Y OTRO PARA LOS MIMOS.
UN CAJÓN PARA LA PEREZA Y UN CAJÓN PARA NUESTRO VACÍO,
Y UN CAJÓN PARA LOS SECRETOS MAS OCULTOS (ESTE ES UN CAJÓN QUE CASI NUNCA ABRIMOS).
Y HAY MAS CAJONES.
TAMBIÉN TU PUEDES AÑADIR TODOS LOS QUE QUIERAS.
A VECES EL HOMBRE PUEDE ELEGIR Y SEÑALAR AL PÁJARO QUE LLAVES GIRAR Y QUE CAJONES ABRIR.
Y A VECES ES EL PÁJARO QUIEN DECIDE.
POR EJEMPLO:EL HOMBRE QUIERE CALLAR Y ORDENA AL PÁJARO ABRIR EL CAJÓN DEL SILENCIO;
PERO EL PÁJARO, POR SU CUENTA, ABRE EL CAJÓN DE LA VOZ, Y EL HOMBRE
HABLA Y HABLA Y HABLA.
OTRO EJEMPLO:EL HOMBRE DESEA ESCUCHAR TRANQUILAMENTE, PERO EL PÁJARO ABRE, EN CAMBIO, EL CAJÓN DE LA IMPACIENCIA:Y EL HOMBRE SE IMPACIENTA.
Y SUCEDE QUE EL HOMBRE SIN DESEARLO SIENTE CELOS;
Y SUCEDE QUE QUIERE AYUDAR Y ES ENTONCES CUANDO ESTORBA.
PORQUE EL PÁJARO DEL ALMA NO ES SIEMPRE UN PÁJARO OBEDIENTE Y A VECES CAUSA PENAS...
DE TODO ESTO PODEMOS ENTENDER QUE CADA HOMBRE ES DIFERENTE POR EL PÁJARO DEL ALMA QUE LLEVA DENTRO.
UN PÁJARO ABRE CADA MAÑANA EL CAJÓN DE LA ALEGRÍA;
LA ALEGRÍA SE DESPARRAMA POR EL CUERPO
Y EL HOMBRE ESTA DICHOSO.
OTRO PÁJARO ABRE, EN CAMBIO, EL CAJÓN DEL ENOJO;
EL ENOJO SE DERRAMA Y SE APODERA DE TODO SU SER.
Y MIENTRAS EL PÁJARO NO CIERRA EL CAJÓN, EL HOMBRE CONTINUA ENOJADO.
UN PÁJARO QUE SE SIENTE MAL, ABRE CAJONES DESAGRADABLES;
UN PÁJARO QUE SE SIENTE BIEN, ELIGE CAJONES AGRADABLES.
Y LO QUE ES MAS IMPORTANTE: HAY QUE ESCUCHAR ATENTAMENTE AL PÁJARO.
PORQUE SUCEDE QUE EL PÁJARO DEL ALMA NOS LLAMA, Y NOSOTROS NO LO OÍMOS.
¡QUE LASTIMA!
EL QUIERE HABLARNOS DE NOSOTROS MISMOS, QUIERE PLATICARNOS DE LOS SENTIMIENTOS QUE ENCIERRA EN SUS CAJONES.
HAY QUIEN LO ESCUCHA A MENUDO.
HAY QUIEN RARA VEZ LO ESCUCHA.
Y QUIEN LO ESCUCHA SOLO UNA VEZ.
POR ESO ES CONVENIENTE YA TARDE, EN LA NOCHE, CUANDO TODO ESTA EN SILENCIO, ESCUCHAR AL PÁJARO DEL ALMA QUE HABITA EN NUESTRO INTERIOR,HONDO, MUY HONDO, DENTRO DEL CUERPO.
MIJAL SNUNIT

Friday, October 14, 2005

Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangunlan, se aprietan, se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehúyen, se evaden y se entregan.

EnunaversionlibrepersonalyanhelantedelmaravillosoOliverio....ojalacomprendaloqueaveceslaspalabrasnopueden expresargraciasOliverio

Corazón coraza
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no

Ustedes y nosotros

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.
Ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez,
nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien.
Ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom,
nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud.
Ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón,
nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función.
Ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal,
nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar.
Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial,
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.
un poema especialisimo del genio Benedetti...........