Todas mis chicas

Todas mis chicas
Lilo, Marce, San, Luni y Viole (todas mis chicas)

Friday, December 23, 2005

SOÑAR EN UN CAMPO DE MARGARITAS...
RelojesWeb.com


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MIRAR HACIA ATRÁS...


Hace mucho tiempo vivía en Tracia un cantor llamado Orfeo.
Su canto era tan hermoso que los animales acudían a oírlo.
Se dice que también era capaz de acallar una tempestad y apaciguar las olas con sus melodías.
Los dioses le obsequiaron una lira.
Orfeo vivía feliz en compañía de su esposa Eurídice.
Un día, Eurídice fue mordida por una serpiente y murió.
Orfeo la amaba tanto que decidió bajar a los infiernos y suplicarle a Hades que le devolviera a su esposa.
Al fondo de un precipicio encontró en una sala a su esposa en compañía de Hades.
El dios estaba enfurecido con el intruso que estaba allí sin haber sido llamado por la muerte.
Orfeo tomó su lira y expresó su dolor con acordes tan conmovedores que ablandaron el corazón de Hades.
Le prometió que dejaría libre a su amada con una condición:
Orfeo no debía volver su mirada atrás hasta abandonar los infiernos.
Si por temor o amor miraba hacia atrás, la perdería para siempre.
Orfeo, loco de alegría comenzó a caminar.
Caminaba y podía oír el rumor de los pasos de su esposa detrás.
De repente, pudo ver el sol, faltaba poco.
Trató de escuchar pero no se oía nada.
Se asustó y angustió.
Miró para atrás intuyendo lo peor, pero Eurídice estaba detrás suyo.
La tenía del brazo Hermes, el guía de las almas.
Desapareció junto a la bella mujer para siempre...

Todos los días, muchos hombres y mujeres que tienen el talento de Orfeo, buscan a su Eurídice en alguna parte.
Ella puede ser algo bueno o hermoso que ya no está.
Es pasado.
También como este Orfeo, bajamos al infierno a buscar lo que perdimos.
Y cuando miramos para atrás, la pérdida es aún más grande.
Hay momentos en los que es importante mirar sólo para adelante, detrás hay cosas bellas o momentos inolvidables, pero también aferrarnos a ellos puede convertirlos en nuestra pesadilla.




Saturday, December 10, 2005

Friday, December 9, 2005


Amor para siempre


Porque el amor no prescribe
es perenne sentimiento
tiene la fuerza del viento
su muerte no se concibe

Es para toda la vida
no interesan circunstancias
es vital por su importancia
y ya nunca se lo olvida

Anida en el corazón
y permanece inmutable
no es un bien intercambiable
es sentir toda pasión

Y no sabe de razones
que procuren su extinción
es esa gran ilusión
envidia de los bocones

Tuesday, December 6, 2005

Úselo y tírelo

La sociedad de consumo ofrece fugacidades. Cosas, personas; las cosas fabricadas para durar, mueren al nacer, y hay cada vez más personas arrojadas a la basura desde que se asoman a la vida. Los niños abandonados en las calles de Colombia, que antes se llamaban gamines y ahora se llaman desechables, y están marcados para morir. Los numerosos nadies, los fuera de lugar, son "económicamente inviables", según el lenguaje técnico. La ley del mercado los expulsa por superabundancia de mano de obra barata. El Norte del mundo genera basuras en cantidades asombrosas. El Sur del mundo genera marginados. ¿Qué destino tienen los sobrantes humanos?. El sistema los invita a desaparecer; les dice: "Ustedes no existen".

¿Qué hace el Norte del mundo con sus inmensidades de basura venenosa para la naturaleza y la gente? Las envía a los grandes espacios del Sur y del Este, de la mano de sus banqueros, que exigen libertad para la basura a cambio de sus créditos, y de la mano de sus Gobiernos, que ofrecen sobornos.

Los 24 países desarrollados que forman la Organización para la Cooperación en el Desarrollo Económico del Tercer Mundo produce el 98% de los desechos venenosos de todo el planeta. Ellos cooperan con el desarrollo regalando al Tercer Mundo su mierda radioactiva y la otra basura tóxica que no saben dónde meter. Prohíben la importación de sustancias contaminantes, pero las derraman generosamente sobre los países pobres. Hacen con la basura lo mismo que con los pesticidas y abonos químicos prohibidos en casa: los exportan al Sur bajo otros nombres.

En el reino de lo efímero, todo se convierte inmediatamente en chatarra para que bien se multipliquen la demanda, las deudas y las ganancias, las cosas se agotan en un santiamén, como las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza al mercado.

El Sur, basurero del Norte, hace todo lo posible por convertirse en su caricatura. Pero la sociedad de consumo -dime cuánto consumes y te diré cuánto vales- invita a una fiesta prohibida para el 80% de la humanidad. Las fulgurantes burbujas se estrellan contra los altos muros de la realidad. La poca naturaleza que le queda al mundo, maltrecha y al borde del agotamiento, no podría sustentar el delirio del supermercado universal, y al fin y al cabo, la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar el equilibrio de la economía mundial mediante sus brazos baratos y sus productos a precio de ganga. En un mundo unificado por el dinero, la modernización expulsa mucha más gente que la que integra.

Para un innumerable cantidad de niños y jóvenes atinoamericanos, la invitación al consumo es una invitación al delito. La televisión te hace agua la boca y la policía te echa de la mesa. El sistema niega lo que ofrece; y no hay valium que pueda dormir esa ansiedad ni prozac capaz de apagar ese tormento. La lucha social aparece en las páginas políticas y sindicales.

El mundo de fin de siglo viaja con más náufragos que navegantes, y los técnicos denuncian los "excedentes de población" en el Sur, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento día y noche. ¿"Excedentes de población" en Brasil, donde hay 17 habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia, donde hay 29? Holanda tiene 400 habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia, un puñado de voraces se queda con todos los panes y peces.

Cada vez son más los niños marginados que, según sospechan ciertos expertos, "nacen con tendencia al crimen y la prostitución". Ellos integran el sector más peligroso de los "excedentes de población". El niño como amenaza pública, la conducta antisocial del menor en América, es el tema recurrente de los Congresos Panamericanos del Niño desde 1993.

A principios de siglo, el científico inglés Cyril Burt propuso eliminar a los pobres muy pobres "impidiendo la propagación de su especie". Al fin de siglo el Pentágono anuncia la renovación de sus arsenales, adaptados a las guerras del futuro, que tendrán por objetivo los motines callejeros y los saqueos; y en algunas ciudades latinoamericanas, como Santiago de Chile, ya hay cámaras de televisión vigilando las calles.

El sistema está en guerra con los pobres que fabrica, y a los pobres más pobres los trata como si fueran basura tóxica. Pero el Sur no puede exportar al Norte estos residuos peligrosos, que se multiplican cada día. No hay manera de "impedir la propagación de su especie", aunque según al arzobispo de San Pablo, cinco niños caen asesinados cada día en las calles de las ciudades brasileñas, y, según la organización Justicia y Paz, son niños buena parte de los 40 desechables que cada mes caen asesinados en las calles de las ciudades colombianas.

Tampoco se puede mantenerlos escondidos, aunque los desechables no existen en la realidad oficial: la población marginal que más ha crecido en Buenos Aires se llama Ciudad Oculta y se llaman ciudades perdidas los barrios de lata y cartón que brotan en los barrancos y basurales de los suburbios de la ciudad de México.

No hace mucho, los desechables colombianos emergieron de debajo de las piedras y se juntaron para gritar. La manifestación estalló cuando se supo que los escuadrones parapoliciales, "los grupos de limpieza social", mataban indigentes para venderlos a los estudiantes que aprenden anatomía en la Universidad Libre de Baranquilla.

Y entonces Buenaventura Vidal, contador de cuentos, les contó la verdadera historia de la Creación. Ante los vomitados del sistema, Buenaventura contó que a Dios le sobraban pedacitos de todo lo que creaba. Mientras nacían de su mano el sol y la luna, el tiempo, el mundo, los mares y las selvas, Dios iba arrojando al abismo los desechos que le sobraban, pero Dios, distraído, se había olvidado de la mujer y del hombre, que esperaban allá en el fondo del abismo, queriendo existir. Y ante los hijos de la basura, Buenaventura contó que la mujer y el hombre no habían tenido más remedio que hacerse a sí mismos, y se habían creado con aquellas sobras de Dios. Y por eso nosotros, nacidos de la basura, tenemos todos algo de día y algo de noche, y somos un poco tierra y un poco agua y un poco viento.

Monday, December 5, 2005

Los preceptos
(de Gotas de rocio sobre una hoja de loto )Poemas Zen

Ten cuidado de no:
hablar demasiado
hablar muy rapido
hablar sin que te lo pidan
hablar porque si
hablar con las manos
hablar del mundo y sus cuitas
contestar con rudeza
arguir
sonreir con aires de superioridad
ante los comentarios de los demas
utilizar expresiones elegantes
jactarte
hablar con aire de sabelotodo
pasar de un tema a otro
hablar con palabras afectadas
hablar de hechos pasados que no pueden
cambiarse
hablar con pedanteria
evitar preguntas directas
hablar mal de los demas
hablar grandilocuentemente sobre
la iluminacion
hablar embriagado
gritarles a los niños
inventar historias fantasticas
hablar enfadado
mencionar personas importantes
hablar con mojigateria de dioses y budas
hablar dulzonamente
adular
hablar de lo que no sabes
monopolizar la conversacion
hablar de otro a sus espaldas
vanagloriarte
rezar ostentosamente
lamentarte del valor de la limosna
predicar sermones interminables
hablar con el melindre de los artistas
hablar con la afectacion de un maestro
de la ceremonia del te.

Sunday, December 4, 2005


ABRAZARSE
Preguntarse qué fue del carnet de baile y de la tarjeta de visita, del bastonero o de la nodriza puede ser hoy una tarea no menor: cualquier académico la abordaría hasta sacarle jugo político.
El rostro, el pecho, los pies, el beso y hasta las lágrimas han merecido eruditas historias culturales. Pero ¿y el abrazo? ¿Qué fue de él?, más allá del mítico Yatasto y de las películas nacionales donde una madre, generalmente con el rostro de Amalia Sánchez Ariño, abrazaba para dar su perdón a un hijo que había fingido durante cinco años estudiar medicina cuando en realidad se gastaba el dinero familiar en el Marabú.
Hoy cualquier agente de prensa desconocido, cualquier compañía que manda mensajes a cientos de personas a través de una lista de mailing, cualquier político que atiende por teléfono a un pasante apurado se atreven a despedirse con “un abrazo”.
También es un misterio por qué en otra época lo hacían con “un beso”.
En 2002 el abrazo y el beso, tan sagrados e inmutables, al menos en su importancia dentro de nuestra antropología sentimental, sirven hoy hasta para despachar a la expulsada de un reality show.
Y las que abrazan y besan son las mismas víboras que la votaron para tirar de la balsa.
Germán García, más que psicoanalista, “lector de los goces”, descree, en principio, de esos abrazos que ingenuamente continuamos asociando a la pureza.
–Siempre hubo en el abrazo una cierta ambigüedad, ya que por un lado siempre estuvo ligado a la familia y a la fraternidad, y por otro todo, el mundo sabe que significa “él la tomó en sus brazos”.
–¿Por qué hasta en los lenguajes informales que se intercambian desconocidos el “un abrazo” ha ido desplazando a “un beso”?
–Es una retórica fraternalista que se acentuó desde la aparición de las asambleas, de las mujeres de clase media alcanzándoles agua a los piqueteros.
Un abrazo quiere decir “somos hermanos en la desdicha”.
Como saludo nuevo veo el que responde a la lógica veloz del tinelismo: “Chauchu”.
Y eso me lo puede decir hasta un desocupado a través del teléfono.
Hay en todos estos supuesto cambios de las costumbres ciertos desplazamientos. En los sesenta los varones se besaban para despedirse sólo entre los miembros del grupo Cero –alude a una agrupación psicoanalítica que incluía en la cura la liberación de la sexualidad, incluso entre analistas y pacientes–.
Hoy el beso amistoso de despedida equivale a un abrazo.
Para Roland Barthes el abrazo como abolimiento del deseo aun entre amantes, como un incesto prorrogado donde todo se deja en suspenso –el tiempo, la ley, la prohibición– es el retorno a la madre.
En Argentina al auge del abrazo solidario coagulado en la expresión “Madres de la Plaza,el pueblo las abraza” invierte el sentido incestuoso en deseo de relevar a las madres abrazándolas metafóricamente como si fueran hijas en un intento de simbolizar una transmisión política.
Seamos uno ¿Por qué asociamos el abrazo a una inocencia que el beso nunca tuvo?
Mientras el rostro puede dejar transmutar tras una máscara de inocencia, la intención erótica a través del triángulo formado por un par de ojos adonde el deseo creerá leer el deseo y por unos labios que aun apretados y con las comisuras bajas bien podrían ser el efecto buscado de negar para tentar, en el abrazo, los cuerpos parecen querer hundirse el uno en el otro hasta atravesarse en un más allá de la carne, como deshaciéndola para sustraerla de su intención sexual.
En el tercer tomo de su autobiografía, La rama de Salzburgo, donde cuenta su amor pasión por Julián Martínez, ese buen mozo criollo al que Manucho llamaba “attaché de belleza”, Victoria Ocampo da cuenta de otras de las acepciones del abrazo amoroso: como puerto, regazo recobrado y alivio.
Del primer encuentro de los amantes perseguidos –ella era casada, choferes y mucamas vigilaban, la correspondencia era violada– evoca: “........Me abrazó y apretados el uno contra el otro sentimos, mudos, juntos, el alivio del contacto físico. Nos invadió, eliminando todo el resto. Alivio y felicidad. Las preguntas que habíamos preparado, las explicaciones que él quería darme, las palabras que esperábamos uno de otro se desvanecieron. Hoy no hay tiempo, pensábamos. Hoy no hay tiempo sino para este bálsamo de la presencia física. Estar abrazados sin una caricia ni una palabra..........”.
En el género chico del abrazo está el del reencuentro luego de una separación, de una pelea a muerte que el tiempo ha difuminado junto con su proyección obsesionante de instantes dichosos y anteriores a la batalla, género que Hollywood ha explotado en los primeros años del cine sonoro haciendo que una muchacha con capotita cierre con violencia una puerta detrás de los talones de su amante para hacérsela abrir, luego de un instante de rostro demudado, y correr bajo la nieve hacia la diligencia a la que él acaba de apearse con el humor negro de su capa. Allí habrá -casi siempre– un abrazo y no un beso.
Con los años el cine favorecerá el lugar común del traveling sobre una playa desierta donde los amantes hacen literal la representación del encuentro-desencuentro, corriendo uno hacia el otro con los brazos abiertos.
La retórica visual moderna, que ha ampliado las posibilidades de abordaje de los cuerpos muy a menudo hará que él la levante en brazos hasta marearla –a menos que sea Dany DeVito-.
Qué amargante este Barthes que nos recuerda la “culpabilidad” emboscada en el abrazo, es decir su probable desmoronamiento en lo utilitario para un fin satisfactorio: “Sin embargo, en medio de este abrazo infantil, lo genital llega infaliblemente a surgir; corta la sensualidad difusa del abrazo incestuoso, la lógica del deseo se pone en marcha, el querer asir vuelve, el adulto se sobreimprime al niño”.
Para Barthes éste sería una abrazo segundo respecto de ese otro que colma y pone en suspenso al buscador donde el orgasmo será el signo más visible de la baja estofa escondida.
Dos relatos de acuerdo con el sexo:
–Apenas yo estaba empezando a gozar de ese abrazo sentido cuando sentí que él estaba teniendo una erección.
–Me emocionó mucho abrazarla, pero cuando no separamos y pude verle la cara y entendí que ella juzgaba que ese momento era el más oportuno para proponerle que me casara con ella.
La escritora Cecilia Absatz sorprendía y hasta provocaba escándalo cuando, en la década del setenta, enunciaba como una bandera su defensa del abrazo.
Es que, durante el mandato clandestino de la revolución sexual, el abrazo casi era el despreciado equivalente a la ausencia de sexo.
Muy estudiosa de la perennidad en las estrategias amorosas de los silencios atentos –”es más difícil ser líder de audiencia que líder de opinión”, del pudor astuto y de la exhibición de dones considerados viriles para ofrecerlos a los pies del hombre en calidad de esclava– escuela de Colette –sostiene hoy la misma defensa.
–El beso es unívoco.
Nunca da esa paz interior del abrazo, esa intensidad acelerada y afrodisíaca de, a lo sumo, tres minutos.
El beso suele ser un punto de partida, el abrazo suele ser único.
Uno no se abraza con todo el mundo, pero ¿quién no besó irresponsablemente?
A Mike Jagger es más fácil querer violarlo que abrazarlo.
Un abrazo es más difícil de conseguir.
Absatz cree en el abrazo de los boxeadores, en ese pasaje jadeante en donde quien ha perdido la fuerza usa la de su enemigo para apoyarse en él.
Y cree en el abrazo de los políticos cuando abrazándose se ponen más allá de las diferencias o dan cuenta de que a menudo un adversario de ley es más necesario que un amigo.
Aunque para Germán García el abrazo de los políticos suele ilustrar la expresión “abrazo de oso”. Hacer el elogio del adversario y darle un abrazo. “Yo sin Balbín no voy a ninguna parte”, decía Perón y lo abrazaba.
Casi se trata de un espejo invertido de ese abrazo donde los amantes quieren ser uno pero sin querer saber cuál de ellos o fingiéndolo.
Si el darse la mano viril de antaño hoy se traduce en beso en la mejilla, los besos apasionados entre mujeres que se pueden ver en la película Las horas son traducciones del antiguo abrazo, sólo que en el tono mayor de las reliquias inembargables.
YO TE ABRAZO...DE VERDAD!!!!!!!

Friday, December 2, 2005

CHARLAS DE ASCENSOR

No hay nada más soso que las charlas que se mantienen en el ascensor, durante la interminable bajada o subida, tratando de estirar temas, imposibles, entre los cuales el favorito, desde ya, es el tiempo. Mi intelecto se subleva ante un despliegue de banalidad que merecería mejores objetivos, y en general, trato de evitarlas, fingiendo que estoy pensando en cosas importantes. Pero como vivo en un piso trece, la cosa es difícil y no tengo más remedio que someterme a ellas.
“Qué calor”, le dije a la señora que subió al ascensor esta mañana, mientras bajaba para comprar el diario. Era, como decía Bernard Shaw, una mujer que oscilaba entre dos edades, las dos bastante avanzadas, y el tema se imponía, porque verdaderamente estaba haciendo calor. La respuesta, en esos casos, es: “Sí, qué barbaridad”. Y en efecto: “Sí –me dijo ella–, es una barbaridad. Pero no es sólo el verano. Lo que ocurre es que el anticiclón del Atlántico se está desplazando hacia el Sur como consecuencia del calentamiento global, aunque por cierto los científicos no se ponen de acuerdo: en el último número de Nature se anuncia el comienzo de una nueva edad de hielo. ¿Usted puede creer que haya una discusión y no se sepa si el mundo se está calentando por los gases y el efecto invernadero o enfriando debido a una ligera variación del ángulo de rotación de la Tierra respecto a la eclíptica?”.
Realmente, no supe qué contestar, pero me salvé porque en ese momento el ascensor paró y subió un tipo joven que, por supuesto, quiso iniciar una conversación, mirándome directamente a la cara, de tal forma que era imposible evitarla. “¿Qué me dice de la violencia?”, le pregunté (hacía dos días habían asaltado a una anciana del cuarto, la habían descuartizado y luego habían tirado los pedazos por el pozo de la escalera). “Sí –me contestó–, es una barbaridad. Pero no hay que considerarla como exclusiva de nuestra época. Si uno se pone a pensar, la violencia de las ciudades modernas en realidad es muy leve si se la compara con lo que ocurría en cualquier burgo medieval, o en la misma Roma después del período republicano. En la época de Augusto se cometían por lo menos tres asesinatos por noche, según algunos historiadores. Bajó durante Tiberio y Calígula, pero volvió a aumentar con Claudio.” “Claudio era tío de Calígula –comentó la señora con una risita–, y cuando la guardia pretoriana entró en el palacio matando a diestra y siniestra, lo encontraron escondido detrás de una cortina y lo proclamaron emperador.” “Así que ya ve –me dijo el tipo joven–, en Roma a los emperadores los proclamaban los militares. ¿Cómo no iba a haber violencia en las calles? Si entonces, como ahora, convivían la riqueza con la...” Pero se interrumpió porque el ascensor se detuvo nuevamente y subió un señor canoso que usaba bastón. “Este es un heideggeriano”, me susurró la mujer por lo bajo. El hombre canoso saludó y yo traté de iniciar una conversación: “¿Vio que el portero no limpia nada?”, le pregunté. “Los restos de la vieja descuartizada están todavía en el palier.” “Sí –me dijo–, es una barbaridad, pero a mí me preocupa saber por qué es en general el Ser y no más bien la Nada.” Se hizo un piso de silencio, y la mujer no pudo contenerse. “Esa es una pregunta puramente metafísica y por lo tanto carece de la posibilidad de una respuesta científica”, dijo. “Digno de Carnap, el Círculo de Viena y sus derivaciones neopositivistas”, respondió el hombre del bastón: “Antes de refugiarse en la ciencia para rechazar los problemas metafísicos, sería bueno tener en cuenta las implicancias éticas de la ciencia, o por lo menos el estatuto ético que la ciencia debería cumplir y que Heidegger estableció con toda claridad”. “¿Lo hizo antes o después de afiliarse al partido nazi y expurgar de judíos su universidad?”, preguntó el tipo joven, socarronamente. El hombre del bastón iba a contestar, indignado, pero justo en ese momento llegamos a la planta baja, y cuando vi la basura (pedazos de la asesinada incluidos) acumulados en el palier (el portero, en vez de limpiar, estaba sentado en un sillón todo roto leyendo a Dostoievsky), mientras nos sofocaban las vaharadas de calor que llegaban de la calle cruzando la cual un grupo de adolescentes asaltaba a una vieja, pensé en el anticiclón del Atlántico, en la Roma imperial, en el Ser y la Nada, y volví a maldecir las conversaciones de ascensor que nunca se ocupan de las cuestiones importantes.