Todas mis chicas

Todas mis chicas
Lilo, Marce, San, Luni y Viole (todas mis chicas)

Monday, October 31, 2005


Argentinean Beauty
Acaso ni te interese saber que hoy a principios de enero hace 32 grados sobre mi balcón en Buenos Aires. Miro por segunda vez el film American beauty y me río al reconocerme en la crisis del protagonista masculino de la película. El se enamora de una compañera de colegio de su hija pero cuando se acaban los tiempos del espejismo y ambos van a la cama resulta que ella es virgen y él se comporta como un tío responsable.Rebobino la película y pienso que hasta ahora mi cruzada en pos de la maduración no ha dado frutos. Algunas personas nacen para dar a luz cinco hijos y otras para dar a luz cinco poemas. Quizá mi misión sobre la tierra sea conseguir la roja madurez de la manzana de Adán y Eva y obtenerla pero sólo al final de mi décima reencarnación. Oh no. Suena el timbre. Es extraño porque todos saben que nunca abro la puerta y que tienen que llamar antes. Me tiemblan las piernas.Está subiendo por el ascensor. Creo que me vienen arcadas. Esto pasa porque estoy sintiendo fuerte la llegada de la catástrofe que es el amor. Oh no, está tan lindo, tan bronceado y además tiene aspecto de haber atravesado el mar para liberarme de los piratas. Sin embargo mantengo la distancia. Recuerdo que me impuse a mí misma no repetir por vigésimoquinta vez otra locura. No vas a poder vivir con él, apenas llega te rompe el cenicero búlgaro que una vez te regaló tu profesora de geografía. Le das cerveza, toman vodka pero... no hagas locuras, decile que están viviendo etapas emocionales diferentes, que no lo vas a soportar cuando empiece a hacer pendejadas, que él no te va a soportar cuando empieces a exigirle atenciones y cuidados que él no puede darte. ¿Pero estás tan segura de que él no puede dártelas? ¿Y si pudiera? El amor fuerte llega de este modo, como una borrachera de vodka con cerveza y coca-cola, viene como un palo en la cabeza y en el hígado y arroja afuera el malestar, todo tu estómago al desnudo sobre el parquet. Nunca nadie escribió un poema sobre el síntoma de los síntomas: El vómito enamorado. Así podría llamarse y debería ser escrito al modo de Quevedo.Empiezo a decirle que mejor se vaya, que no quiero convertirme en una vieja dama indigna, una de esas ancianas de pelo plateado que siguen yendo a recitales hardcore y se enamoran del baterista en vez de preparar pasteles de frambuesa para sus nietos. Pero como el alcohol empieza a patinar en mi cerebro, me doy cuenta de que sí quiero ser una vieja dama indigna y cultivar marihuana en las macetas del balcón con mi joven novio digno. Cuando él va a besarme me arrojo fuera del sofá y le anuncio que estoy mareada, que el mundo gira como un trompo y que tengo arcadas. Y él no se asusta ni se va sino que me acompaña al baño y me ayuda a aliviarme, me ata el pelo, me despeja la frente y me dice palabras suaves. Y entonces creo que yo tengo dieciséis y que él es un señor veinte años mayor que sabe qué hacer en una situación de emergencia.

No comments: